Opinión

Jugada maestra

En sus primeros días en el cargo, el presidente Kast enfrentará un importante dilema político: apoyar la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU y provocar un hondo malestar en sectores de la derecha, o desestimarla y dinamitar de entrada los vínculos con la futura oposición. Al parecer no hay una tercera opción y el futuro mandatario tendrá que escoger entre dos alternativas que tienen –ambas– un alto y complejo costo.

¿Pudo Kast no quedar expuesto a esta encrucijada que marcará, sin duda, el primer tramo de su gobierno? ¿Dejar en esta situación incómoda al próximo gobierno fue el objetivo deliberado del Presidente Boric? No es fácil responder ambas preguntas, pero lo cierto es que, si La Moneda de verdad quería que la candidatura de Bachelet fuera una “política de Estado”, hizo las cosas muy mal. Primero, porque no incorporó a la próxima administración en el diseño, ni le informó de sus conversaciones con los gobiernos de México y Brasil. No solo eso: la iniciativa puso a Kast ante hechos consumados, exhibiendo el precio que deberá pagar si decide no respaldar a Bachelet, tanto en política interna como en relaciones internacionales.

¿Qué es lo que Gabriel Boric y la futura oposición prefieren? ¿Si Kast apoya formalmente a Bachelet, su cancillería se jugará por su viabilidad o no moverá un dedo para promoverla? Si ese va a ser el caso, ¿no será mejor que Kast la desestime y la futura oposición pueda cobrar caro la afrenta? ¿La expresidenta está de acuerdo con haber excluido al próximo gobierno de las conversaciones con México y Brasil? ¿Y con el hecho de que su candidatura se haya presentado de tal forma que se convirtiera en un gran incordio para el nuevo presidente? ¿Bachelet cree que este escenario la ayuda en sus aparentemente genuinas aspiraciones?

Lo único claro aquí es que esta candidatura ya es un factor de división y polarización interna. Y que el presidente Kast, sin imaginarlo, fue colocado en una situación inconfortable, donde todos los costos de su decisión –sea cual sea– los pagará él. En ese sentido, la jugada de Boric y su gobierno es un acierto político por donde se le mire: Kast no podrá salir indemne de esta encrucijada a la que fue hábilmente conducido, es decir, sin incendiar uno de los lados de la pradera.

Más allá de la decisión que tome el futuro presidente y de sus consecuencias, hay aquí una lección relevante para el nuevo gobierno: no va a tener respiro, no va a ser fácil generar condiciones de colaboración con sus adversarios, y toda posibilidad de poner a Kast entre la espada y la pared será aprovechada. Alguien puede quizá pensar que esta candidatura de Bachelet le cayó del cielo al actual oficialismo y futura oposición. Pero no es cierto: más que un regalo de la diosa Fortuna, aquí hubo un diseño político inteligente, una operación bien planteada en sus objetivos y hábilmente ejecutada. Como diría el poeta, un precedente cargado de futuro.

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