La cuenta regresiva



Por Iván Poduje, arquitecto

Ayer, los carros del Metro que fueron destruidos hace un año, movilizaron masivamente a los electores para votar en el plebiscito, lo que resume muy bien la grandeza del acto eleccionario. Aquel modelo que tanto se descalificó y atacó, volvió a ser el canal usado por la ciudadanía para expresar en paz sus preferencias mediante el voto, lo que habla muy bien de la democracia chilena.

Pese a ello, no debemos pensar que este plebiscito ha conducido o apagado la rabia que incendió los barrios de Chile el 18 de octubre. Cualquiera que haya recorrido la ciudad, sabe que las cabezas violentas del estallido nunca han creído en el Estado, ni en la democracia o sus instituciones. Así que volverán a desatar su furia apenas vean el espacio, especialmente si los políticos que les dieron respaldo los vuelven a usar cuando sus aspiraciones revolucionarias fracasen en la constituyente.

La alegría por el acto eleccionario tampoco puede hacernos olvidar que seguimos en la peor pandemia del último siglo con una crisis económica de magnitud. La mayoría de los chilenos sigue pasándola muy mal, lo que hace doblemente meritoria su participación en el plescibicito, pero también eleva los riesgos de no cumplirles. Quienes votaron masivamente por el “Apruebo” quieren cambios y no creo que puedan esperar los cinco o seis años que tomará la nueva Constitución en estar completamente operativa, con sus nuevas leyes e instituciones. Esto es poco para un parlamentario, un alto ejecutivo o un académico-intelectual con buen sueldo, pero para el grueso de la población, puede ser una eternidad.

Por lo tanto, el desafío que enfrentamos desde hoy lunes será precisar cómo y cuándo las personas podrán percibir los beneficios del proceso constituyente en su vida cotidiana. Cómo este Apruebo se traducirá en avances concretos para ellos y sus familias, gradual pero decididamente. En materia de ciudad, la lista de pendientes es larga: un déficit habitacional extendido a clases medias, barrios más inseguros, falta de áreas verdes, aumento dramático de campamentos, contaminación por leña en el sur o ausencia de servicios en extensas áreas urbanas.

Estas prioridades solían ser invisibilizadas, porque ocurrían fuera del Santiago moderno; pero creo que con el plebiscito todo cambió. Resuelta la cuestión constitucional, los chilenos exigirán respuestas más tangibles por el voto que dieron. No más coaching buenista ni retórica refundacional. Resultados concretos en plazos breves; y para ello necesitamos una agenda paralela a la constitucional, con programas y metas claras. De lo contrario, las esperanzas que han puesto los chilenos se podrían frustrar, y ya no tenemos la Constitución como bala de plata. Así que tenemos que cumplir y estamos contra el tiempo. El reloj ya esta corriendo.

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