Opinión

La derecha y el gobierno

Por Juan Ignacio Brito, periodista

El tiempo apremia para una derecha que sufrió un revés electoral histórico y necesita definiciones prontas si no quiere que 2021 se transforme en la repetición del fatídico 1965. Entre varias otras, una de las más importantes es qué actitud adoptar respecto de un gobierno carente de liderazgo, cuya confusión lo ha convertido en un imbunche sin iniciativa ni proyecto.

Aparte de ser un indudable lastre electoral y una fuente de desprestigio para la derecha, La Moneda es insensible a los repetidos llamados que le piden dar un giro real. Liderado por un Mandatario que nunca entendió al país que lo eligió, que parece desvinculado de la realidad y decidido antes que nada a velar por sí mismo, el Ejecutivo va de tumbo en tumbo, haciendo como que gobierna a una ciudadanía que siente indiferencia e incluso desprecio por él.

Si aspiran a tener alguna opción en noviembre, los partidos de Chile Vamos y sus candidatos necesitan marcar distancia visible de una administración cuyo sonambulismo los lleva al despeñadero. Es cierto que RN, la UDI y Evópoli han puesto de su parte -y mucho- para hallarse en la confusión de todo orden en la que hoy se encuentran. Pero es impensable algún repunte si mantienen como hoy el lazo que los une a La Moneda. Como decía Einstein, si quieres que las cosas cambien, deja de hacer lo mismo.

Es probable que ya sea muy tarde para ensayar un distanciamiento que la opinión pública no creería sincero. También lo es que podría ser muy difícil llevar a los hechos un divorcio de este estilo. Pero lo que resulta innegable es que mantener la vinculación con un gobierno en ruinas representa una amenaza enorme para los candidatos de la centroderecha en las presidenciales y las parlamentarias.

Habrá quienes consideren que un alejamiento representaría una suerte de traición. Sin embargo, cabría preguntarles quién ha sido el que ha abandonado los ideales de la centroderecha, quién luce sordo ante los reclamos en favor de una alteración del rumbo y quién ha antepuesto sus intereses a los del sector y del país en persecución de un afán por dejar un “legado” que, a estas alturas, no puede ser sino trágico.

Algunas candidaturas, como las de Joaquín Lavín (en especial a través de su vocero) o Mario Desbordes, han mostrado en público una postura crítica respecto de La Moneda. Sin embargo, para que sea entendido e internalizado por la opinión pública, el distanciamiento ha de ser evidente y decidido. La adhesión a un gobierno que ya no representa los valores e intereses de la derecha dista de ser una causa noble por la cual valga la pena sacrificarse. Es, más bien, un suicidio político que la derecha quizás esté a tiempo de evitar.

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