SEÑOR DIRECTOR

Hacer la política pública de transporte, como plantea Iván Poduje en su columna del lunes titulada como esta carta, desde una supuesta lucha épica entre metristas (buenos y víctimas) y busistas (malos y conspiradores), es muy inconveniente. Espero que nadie lo tome en serio. Un enfoque como ese puede hacer caer en muchas imprecisiones, distorsiones de la realidad y finalmente llevarnos a tomar malas decisiones.

Para graficar el tipo de errores en los que se puede caer, si acaso el "busismo" realmente existía en la cabeza de alguien, los hechos mostraron que ese supuesto grupo fue aplastado con la implementación del Transantiago. Este proyecto "soportado en rieles" partió duplicando la red de metro y poniendo a los buses a su servicio, con una tarifa integrada que explica buena parte del subsidio que tenemos hoy en día. En ese sentido, Transantiago fue un éxito, pues los datos muestran que antes del proyecto el 45% de los viajes en Metro venían de buses (EOD 2001) y ese porcentaje subió a 75% con su implementación (EOD 2012).

Hay pleno consenso en que la inversión en transporte público es socialmente mucho más conveniente que la inversión en transporte privado. En algunos casos será mejor invertir en Metro y en otros en buses, dependiendo, entre muchas otras cosas, de la cantidad y configuración de la demanda, de las restricciones de uso de suelo y de los recursos disponibles.

Confío que las decisiones de la política se tomarán en base a hechos, sopesando beneficios y costos de las alternativas disponibles y no haciendo caso a teorías conspirativas. Como en todo ámbito de cosas, los recursos disponibles son escasos y debemos invertirlos con cuidado.

Ángelo Guevara

Profesor Asociado, Departamento de Ingeniería Civil, Universidad de Chile

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