La Historia y el amor a la vida

¿Para qué estudiamos historia? Es hoy una pregunta urgente. El estudio de la historia puede ser visto como una manifestación de amor a la vida y a la humanidad que ha transitado por la tierra, en un tiempo articulado donde pasado, presente y futuro están íntimamente imbricados. La historia no se relaciona con la nostalgia sino con la capacidad de conocer las experiencias que nos han llevado a ser quienes somos, de aprender como las sociedades se han formado, como han acertado y errado en la experiencia de vida común en el tiempo y el espacio, entregando a quienes la estudian y aprenden herramientas para tener "profundidad de campo" y así enfrentar mejor el mundo del presente y sus desafíos, desarrollando el pensamiento crítico y la capacidad de tener opinión.
Esta pasión por la vida es un rasgo distintivo de la historia, que va más allá de las grandes teorías, de las escuelas y vaivenes historiográficos, pues apunta al interés por todo lo que toque y represente al ser humano, buscando el contacto con las fuentes más variadas que lo develen, con las múltiples huellas de las mujeres y los hombres que nos han antecedido en la aventura de la vida. Se esfuerza por desarrollar la voluntad de comprensión, el deseo de entender a otros en sus actos, dilemas, desafíos y retos. La historia actúa como servidora de la sociedad, nos impulsa a la apertura de la mente y a buscar comprender el mundo en que vivimos y aquellos que soñamos, apreciando la diversidad como una forma de riqueza.
El estudio de la historia se ocupa de distintaas épocas y generaciones pues, al investigar y aprender sobre la aventura humana en el tiempo y el espacio, entrega herramientas para que podamos dialogar con quienes nos han antecedido y construido el mundo en que vivimos, los que se vuelven nuestros contemporáneos a través del estudio, trasmitiendo ideas, experiencias, sensaciones. Con ello la historia hace un aporte a la construcción de una sociedad más consciente de sus límites y posibilidades, de sus deberes y derechos, capaz de buscar ser cada vez más libre.
En efecto estudiamos historia para ser más libres, para actuar informadamente y con discernimiento, para atender la curiosidad sin confines, para ocuparnos del interés y amor por la humanidad y la vida, con la tarea de construir el presente y el futuro bajo el signo de la libertad y la empatía, la solidaridad y la amistad entre los hombres y mujeres de distintas épocas y lugares pero habitantes de un espacio común, el espacio de la historia. Hacer optativo el estudio de la historia empobrece nuestro mundo y el futuro, achata nuestra visión de la experiencia de la humanidad, lesiona nuestra capacidad de pensar críticamente y nos limita en la posibilidad de aprender en un sentido más amplio y variado, restringiendo la curiosidad y ese amor a la vida que distingue a esta disciplina que se centra en el ser humano y sus posibilidades.
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