La hora de la empatía



Por Pablo Allard, decano de Arquitectura y Arte UDD

Mañana se da inicio al esperado y temido desconfinamiento en las comunas del sector nororiente de la capital, que entrarán en el paso 2 del plan presentado por el gobierno. En la medida que los casos de contagio, fallecidos y ocupación de camas hospitalarias vaya descendiendo, las autoridades esperan que “paso a paso” el resto del país retome sus actividades regulares.

Más allá de las diversas opiniones sobre la efectividad de un retorno progresivo versus extender el confinamiento hasta aplanar la curva, y la incertidumbre ante un eventual rebrote, lo cierto es que la única manera que podremos salir vivos de ésta es por medio de la empatía y el autocuidado.

Empatía para entender el miedo de aquellos funcionarios o empleados que temen volver a sus lugares de trabajo cuando rigurosamente cumplieron la cuarentena teletrabajando. Empatía también con los miles de emprendedores y comerciantes que han tenido que cerrar o comprometer su patrimonio personal para no quebrar, y ahora están desesperados por reactivarse, levantar sus negocios, recuperar a sus colaboradores y pagar deudas. En ellos el miedo no es al contagio, sino más bien llegar al punto de no retorno.

Finalmente, empatía con el trabajador, el obrero, el cesante y el autoempleado informal; ese que ya entró en modo sobrevivencia y su sustento lo hace con la pega esporádica, lo que pitutea durante el día, los platos preparados o quesos que vende a amigos por redes sociales y cuyo temor no es al virus sino a la infame hambre.

En lugar de criticar el plan del gobierno o pontificar sobre qué es primero, si la salud o la economía, es hora de entender que nuestras salidas ya no dependerán de la comisaría virtual, sino de nuestra propia responsabilidad.

Ahora que se levantan las restricciones tenemos que buscar espacios para cuidarnos entre todos, evitar salidas y viajes innecesarios, cumplir con los protocolos, ser flexibles y pacientes. En el caso de la ciudad, el Ministerio de Transportes ya anunció un plan para bajar la carga del sistema en horas punta, promoviendo un transporte público seguro. Metro iniciará operaciones desde las 6 de la mañana, y -mientras los escolares y universitarios sigan en sus hogares- sería imperativo que las empresas permitan a sus empleados entrar y salir en horarios diferidos. De esta manera podremos aplanar esa otra curva de vagones, buses y paraderos atestados en hora punta mañana y tarde.

Tendremos que promover el autocuidado y empatía también en los centros urbanos y de servicios, donde ahora las calles serán más estrechas y las aceras más amplias, las filas, turnos y esperas más largos. Finalmente, un llamado a la empatía a esos millones de automovilistas que, por temor al transporte público y la necesaria reducción de pistas y estacionamientos en calles para privilegiar buses y ciclos, inundarán nuestras calles.

Sin duda, el retorno no será fácil, tendremos mucho miedo y ansiedad, habrá roces y conflictos, pero solo saldremos de ésta si abrazamos el autocuidado y hacemos que la hora punta pase a ser la hora de la empatía.

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