Opinión

La ingeniería en tiempos de emergencias

Chile enfrenta un escenario exigente. El crecimiento económico es bajo, la inversión se encuentra rezagada y numerosos proyectos estratégicos se ven entrampados por largos procesos de evaluación o judicialización. A ello se suman los incendios forestales, cada vez más frecuentes, intensos y costosos, tanto en términos humanos como ambientales y económicos, una amenaza que dejó de ser excepcional para convertirse en estructural.

En este contexto, resulta evidente que uno de nuestros principales déficits no es la falta de diagnósticos, sino la escasa incorporación temprana de capacidades técnicas en el diseño de políticas públicas y proyectos. Los incendios forestales son un ejemplo claro. No se trata solo de un problema de respuesta a la emergencia, sino de planificación territorial, cambio cultural, prevención, accesos, disponibilidad hídrica y estándares de diseño acordes a un clima más extremo.

La ingeniería chilena ha estado históricamente vinculada a los principales avances del país. Infraestructura vial y sanitaria, desarrollo minero y energético, expansión urbana y conectividad territorial dan cuenta de ello. Detrás de esos logros hubo planificación, evaluación de riesgos y una mirada de largo plazo.

Hoy, sin embargo, el conocimiento técnico suele llegar tarde, cuando las decisiones ya están tomadas o los conflictos instalados. Las consecuencias son conocidas. Sobrecostos, retrasos, pérdida de confianza y, en muchos casos, proyectos que simplemente no se logran concretar. En materia de incendios, esa demora se traduce en daños que pudieron evitarse con inversión oportuna, prevención y buen diseño.

Para el Colegio de Ingenieros de Chile, que cumple un nuevo aniversario, este momento representa una oportunidad para reflexionar sobre una pregunta clave para el país. Qué lugar ocupa hoy el conocimiento técnico en las decisiones que determinan nuestro desarrollo.

En un país expuesto al cambio climático, a sequías prolongadas y a incendios cada vez más complejos, la buena ingeniería no es un lujo, sino una condición básica para el desarrollo y la protección de las personas y el territorio. Prevenir, planificar y diseñar con evidencia es siempre más eficiente y humano que reconstruir.

Lo anterior exige también un cambio cultural. El desarrollo no se logra solo con voluntad política ni con consignas atractivas. Se logra con instituciones que valoran la técnica, con profesionales capacitados, con proyectos bien concebidos desde su origen y con una mirada integrada entre infraestructura, territorio y gestión del riesgo.

En este desafío, resulta indispensable fortalecer el vínculo entre conocimiento técnico y toma de decisiones públicas. No para reemplazar la política, sino para enriquecerla y hacerla más responsable. Porque cuando la ingeniería se integra de manera efectiva a las decisiones estratégicas, el país y las personas avanzan con mejores resultados.

*El autor de la columna es profesor titular de Ingeniería UC, integrante del Comité Ejecutivo de Clapes UC y presidente del Colegio de Ingenieros de Chile

Más sobre:OpinióningenieríaIncendios

Lo más leído

Plan digital + LT Beneficios por 3 meses

Comienza el año bien informado y con beneficios para ti ⭐️$3.990/mes SUSCRÍBETE