La lección en Antofagasta y Tocopilla
Lo ocurrido en Antofagasta y Tocopilla deja una reflexión necesaria: hemos avanzado en capacidad de respuesta, pero todavía no hemos aprendido completamente a convivir con un territorio naturalmente expuesto a procesos aluvionales. Las obras construidas en Tocopilla cumplieron una función importante al retener sedimentos y disminuir parcialmente la energía del flujo, sin embargo, fueron sobrepasadas. Esto demuestra que la infraestructura es indispensable, pero también que ninguna obra elimina por completo el peligro.
La activación de las quebradas Jorgillo y Roca Roja también evidenció las limitaciones de nuestros sistemas de alerta. La mensajería SAE permitió ordenar la evacuación, pero llegó cuando los flujos ya se encontraban en desarrollo. Para avanzar hacia una prevención efectiva no basta con conocer cuánta lluvia podría caer: necesitamos instrumentar las cuencas y comprender su respuesta particular, incorporando humedad antecedente, características del terreno y detección directa del movimiento de agua y sedimentos.
La baja respuesta de parte de la población frente a las evacuaciones tampoco debe interpretarse únicamente como irresponsabilidad individual. La confianza se construye con alertas oportunas y precisas, información transparente y educación aluvional permanente. Las personas deben comprender por qué una quebrada aparentemente seca puede activarse rápidamente y por qué una obra de mitigación no convierte el territorio en un espacio completamente seguro.
El balance, por tanto, presenta avances y deudas. Hoy existen más obras, coordinación institucional y planos de evacuación, pero persisten brechas en monitoreo, investigación aplicada, mantenimiento, actualización cartográfica y planificación urbana. A ello se suma el crecimiento de asentamientos en quebradas y laderas expuestas.
Las lecciones de 1991 y 2015 no pueden recordarse solamente cuando vuelve a llover. La reducción del riesgo requiere continuidad, inversión y colaboración real entre autoridades, comunidad y academia. Prepararnos no consiste únicamente en reaccionar mejor ante la próxima emergencia, sino en comprender el territorio y tomar decisiones antes de que la amenaza vuelva a transformarse en desastre.
Por Francisca Roldán, geóloga y académica de la Universidad Católica del Norte.
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