Por Ricardo YáñezEl cáncer silencioso: por qué Chile debe despertar ante la corrupción

El verdadero motor que financia al Crimen Organizado Transnacional (COT) es silencioso, invisible y letal: la corrupción. Por años, la sociedad chilena consumió series sobre carteles como una distopía ajena. Hoy el despertar es brutal: la realidad superó a la pantalla ante un Estado que no anticipó la amenaza. Es doloroso constatar que esta crisis ética se profundiza día a día.
Históricamente, las alertas institucionales llegan tarde. Nos acostumbramos a reaccionar sobre los escombros en vez de apuntalar los cimientos. Existe una tendencia a volcar la atención y recursos hacia los delitos de sangre, los secuestros y la violencia armada. Es lógico: el miedo es ruidoso. Sin embargo, la corrupción es el lubricante que permite al crimen organizado operar sin fricciones, destruyendo la democracia y neutralizando la justicia desde adentro. Esta realidad resuena con fuerza. Durante el Te Deum Ecuménico de 2026, el cardenal Fernando Chomali calificó a la corrupción como “el mal de todos los males” y el “enemigo número uno de Chile”. Advirtió que esta crisis corroe los cimientos de la nación, sentenciando: “No habrá una sociedad sana, calles tranquilas ni niños jugando en las plazas si al interior del Estado hay signos de corrupción”. La falta de probidad le abre la puerta de par en par al narcotráfico.
La corrupción en Chile dejó de ser un hecho aislado para convertirse en un problema estructural de seguridad pública. El ejemplo más descarnado involucra al exfiscal Vinko Fodich y miembros de las policías, bajo sospecha de integrar una red de secuestro extorsivo y lavado de activos. A este quiebre se suma el masivo fraude financiero del Caso Convenios, donde el traspaso irregular de millonarios fondos estatales hacia entidades privadas desnudó falencias de control. Cuando persecutores, policías o directivos públicos colaboran con la impunidad, se rompe el pacto de confianza fundamental. Chile necesita asumir su vulnerabilidad y dejar de maquillar una realidad incómoda. No podemos seguir enfrentando un fenómeno transnacional y multimillonario con herramientas burocráticas del siglo pasado. Es urgente la creación de una Unidad Multidisciplinaria Anticorrupción del Estado, un órgano de élite altamente especializado. Debe tener capacidad de inteligencia financiera, cruce de datos en tiempo real y atribuciones operativas para detectar el dinero sucio antes de que compre voluntades políticas, judiciales o policiales. Combatir a las bandas en las calles es solo apagar los síntomas. Para erradicar el mal, debemos atacar el corazón financiero y la complicidad de cuello y corbata. Reconocer que la corrupción nos permea permitirá auditar los estamentos públicos sin complejos ideológicos y blindar nuestra democracia. El costo de la complacencia será la entrega definitiva de nuestro país al crimen organizado.
Por Ricardo Yáñez Reveco, Asesor de la AChM y General Director de Carabineros en retiro
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