Opinión

¿Quién elige mi PC?

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La aparente decisión de terminar con el programa “Yo Elijo Mi PC” (YEMPC) pareciera transformarse en uno de los íconos de la austeridad ideológica que promueve el gobierno. A pesar de que expertos de todos los sectores advirtieron que era una utopía pretender recortar el gasto público sin tocar los beneficios sociales, la arrogancia y sesgos ideológicos del entonces candidato Kast y su entorno valieron más que la evidencia. Sin embargo, al justificar el término de este programa en específico, hemos escuchado a las autoridades diciendo que los impactos del programa no eran los esperados en términos de aprendizaje. Si asumimos esta explicación de buena fe, y no como una excusa, debiéramos, entonces, tener una discusión de fondo.

El programa YEMPC fue evaluado el 2022 por la Dipres, usando una metodología de inferencia causal para revisar si es que había evidencia sobre su impacto en indicadores educativos y otros relacionados. Esa evaluación se hizo a las primeras cohortes de estudiantes que recibieron los computadores, entre 2015 y 2017, e hizo un seguimiento en el tiempo. Si bien no había datos basales sobre el impacto de la brecha digital en el rendimiento escolar, sí existía una correlación entre acceso a tecnologías e internet con notas, lo que habría justificado el programa inicialmente. Sin embargo, los datos hasta ese entonces no mostraban una relación significativa entre recibir los computadores y los distintos indicadores educativos y cognitivos. Es decir, en jerga estadística, no se encontró un impacto atribuible a recibir el computador. Sin embargo, el mismo estudio hizo presente que el desafío de la pandemia y el cierre de colegios en esos años cambiaba la forma de analizar esta política.

Aquí se abren dos preguntas muy distintas. La primera es exigir cuál es la evidencia que tiene el gobierno sobre el impacto de esta política en el tiempo. Si es que simplemente están basando su decisión en una evaluación de hace cuatro años sobre las primeras cohortes, pareciera que la decisión requiere más evidencia. Dada la importancia de este cambio, lo mínimo que uno esperaría es que el gobierno presente sus datos y estudios para que puedan ser auditados.

La segunda pregunta es política, y es difícilmente medible con modelos estadísticos, por sofisticados que sean. Lo que hemos visto estos días es cómo el programa YEMPC cumplía un rol redistributivo que no tiene que ver únicamente con recursos, sino que con dignidad. El programa entregaba herramientas a una familia completa que muchas veces no existían, y abría la puerta a escolares que no hubieran tenido acceso a un computador si no fuera por el programa. Estos potenciales efectos en acceso a tecnología y confianza en su manejo pueden ser importantes fuera de la escuela y sus resultados. Lo que producen son efectos más complejos de observar y una relación distinta con el Estado. Esto último es particularmente difícil de comprender para quienes no han tenido que depender de la provisión pública durante sus vidas. No sólo se trata de una evaluación a ciegas, sino de una que entiende el potencial político de los proyectos.

El futuro de este programa, como el de muchos otros, debiera ser una combinación de evaluaciones rigurosas, innovación en las mismas, y comprensión de sus efectos políticos y sociales. Si el gobierno pretende combatir la idea, ya instalada, que lleva adelante una batalla contra el Estado y los beneficios sociales, debiera importarle de sobremanera este tipo de evidencia.

Por Javier Sajuria, Profesor de Ciencia Política en Queen Mary University of London y director de Espacio Público

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