Por Pablo Ortúzar2011, 2019, ¿2027?

Cerrando septiembre, la Cámara de Diputados aprobó y despachó una reforma al sistema político que contó con el apoyo integral de todos los partidos, excepto del Partido Comunista, que votó en contra del articulado que exige que todo partido “deberá expresar su condena al establecimiento de un sistema totalitario; al uso de la violencia, propugnarla o incitarla como método de acción política”. El PC, por cierto, no puede condenar el uso de la violencia como método de acción política, porque siempre ha sido parte de su repertorio, al igual que de todos los vanguardismos de comienzos del siglo XX.
Ahora bien, se equivocan quienes atribuyen toda la violencia callejera de izquierda a los comunistas. El fenómeno es más complejo y las violentas protestas del jueves pasado sirven para ilustrar el punto. Ellas fueron convocadas por la Federación de Estudiantes de Chile (FECH), la Confech, la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), el Colegio de Profesores, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la Coordinadora Feminista 8M y la Red de Solidaridad Estudiantil. Más el Movimiento Solidario Vida Digna, enfocado en vivienda.
En esta mezcla de orgánicas hay dos campos principales: comunistas y neomiristas (y neolautarismo). La FECH está liderada por una heredera comunista: Laura Mlynarz, hija del dirigente comunista Iván Mlynarz, presidente de la FECH en los 90. Increíblemente, el Colegio de Profesores volvió a ser liderado por Mario Aguilar (el mismo que estaba para el estallido), que milita en el Partido Humanista, pero en los hechos obedece a la estrategia del PC. Lo mismo pasa con la CUT, que es dirigida por Manuel Díaz, socialista.
El neomirismo, en tanto, está representado por la ACES, cuya vocera es Darlyn Marchant Marilef. Igual que su antecesor, Víctor Harambour Chanfreau, decidió invertir sus apellidos para fines propagandísticos. Ambos obedecen a la línea de Unión Rebelde, organización inspirada en el MIR (por eso el rojo y negro) que nace durante Bachelet II y domina desde entonces la ACES. La Red de Solidaridad Estudiantil, el Movimiento Solidario Vida Digna y la Coordinadora Feminista 8M son otras manifestaciones de los mismos principios: radicalismo extrainstitucional, organización “desde abajo” y acción directa popular. Básicamente, grupos de extrema izquierda que no creen en la “democracia burguesa” (democracia liberal) y buscan su reemplazo por alguna forma de poder popular sostenido en organizaciones de base. Si uno sigue las redes de las vocerías del 8M llega a personajes como la convencional Alondra Carrillo o a No+AFP. Los bots de izquierda están desatados. Y las cuentas y voceros de la Lista del Pueblo se reactivaron también. Es la Mesa de Unidad Social sin el nombre.
La dinámica que estamos viendo se parece a la de 2018-2019: la articulación del neomirismo termina empujando al PC a las calles, buscando controlar y conducir el enojo en las bases sociales de izquierda. El negocio comunista desde su nacimiento ha sido “acompañar” a la extrema izquierda para luego traicionarla, triunfe o pierda, y capitalizar los resultados. Las relaciones entre estos campos son, entonces, siempre tensas y complicadas.
Quienes piensan que el estallido social fue orquestado básicamente por poderes extranjeros, pongan atención a lo que vaya pasando en las calles durante 2026-2027. Quienes piensan que fue pura espontaneidad social, hagan lo mismo. Quienes creen que el Frente Amplio y la Nueva Mayoría de verdad no volverán a intentar usar el caos ajeno como escalera al poder, agucen la mirada. Tenemos básicamente a los mismos agentes de agitación desplegando sus estrategias, viendo cuánto pasto seco hay, luego de un año económicamente durísimo para las familias chilenas.
A ninguno de estos actores, por cierto, les importan mucho las causas que enarbolan. Mientras estuvo sentado el PC en el Ministerio de Educación, casi no hubo protestas. Un machito encapuchado puede patear por la espalda a una mujer del Movimiento Gremial o Solidaridad y las “feministas” de 8M no van a parpadear. El Movimiento Estudiantil celebra dejar a otros estudiantes en el hospital. El objetivo de esta izquierda es impedir que la derecha pueda gobernar más allá del segundo año, y lo han logrado dos veces (2011 y 2019). El gobierno debe tomarse muy en serio este ajedrez, que requiere muchísima inteligencia, que hasta ahora no se ha visto, para ser ganado.
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