La necesidad de partir

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La noticia de que Andrés Velasco fue nombrado decano del Instituto de Políticas Públicas del London School of Economics (LSE) no deja de impactar. No sólo por el cargo, sino también por el prestigio de la institución que lo acoge, que es considerada una de la mejores del mundo en el ámbito de las ciencias sociales y la economía. De hecho, en esta última área ocupa nada menos que el séptimo lugar en el mundo, acompañando a grandes como Harvard, MIT y Chicago, entre otras.

Como buena representante de la elite universitaria mundial, LSE tiene entre sus ex alumnos a 45 jefes de Estado, al tiempo que acumula 18 premios Nobel y 7 galardones Pulitzer. Entre los famosos que han pasado por sus aulas hay una larga lista que incluye a personajes tan variados como George Soros y Mick Jagger. Incluso, el ex presidente John Kennedy estuvo un tiempo en sus salones.

La llegada de Andrés Velasco al LSE, si bien impresiona, tiene también algo de predecible. Desde que el exilio de su padre durante la dictadura lo obligó a trasladarse a Estados Unidos, su vida ha transcurrido entre lo más selecto de la academia mundial. Al partir de Chile, Velasco estudiaba en el Grange y, gracias a las gestiones de algunos profesores, pudo ingresar a Groton School, uno de los colegios más importantes de Norteamérica. De ahí su carrera académica no paró. Primero, ingresó a la Universidad de Yale, donde hizo su pregrado especializándose en economía y filosofía. Luego, realizó su doctorado en Economía en Columbia, estudios que luego complementó en MIT.

Con todo ello, fue natural que comenzara una exitosa carrera como académico, donde fue profesor de Columbia, la Universidad de Nueva York (NYU) y, posteriormente, profesor titutar de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard. En suma, un largo currículum que esta semana se corona con su nombramiento como decano en LSE.

La cosa atípica es que Velasco siempre supo combinar toda esa vorágine académica con la política. Durante el gobierno de Aylwin tuvo una primera aparición como jefe de gabinete del ministro Foxley. Luego, como flamante ministro de Hacienda de Bachelet -quizás su mejor momento político-, para terminar como candidato a presidente y luego senador. Ambos sin resultados positivos. Este último tiempo, el partido que fundó -Ciudadanos- ha estado sumido en un triste escándalo electoral, que en medio de renuncias y acusaciones de fraude lo tienen inmerso en un futuro muy incierto.

Pese a ello, pienso que la marca política que deja Velasco es positiva. El hombre ha sido un aporte a la discusión en estos años, ubicándose en una posición que incomoda a la derecha y la izquierda. Ha buscado representar una corriente liberal en lo valórico, pero también seria en lo económico, que de alguna manera es un aire fresco en este país.

Y tiene razón en partir. No sólo porque oportunidades como esta no se presentan todos los días, sino también porque tipos como Velasco entienden bien la importancia de salir. No para desconectarse como piensan muchos, sino para conectarse. Porque pese a toda la tecnología, las redes sociales, la globalización, lugares como Chile siguen bastante aislados de los temas que importan. Basta viajar unos días fuera del país para darse cuenta de que nuestra agenda es todavía muy provinciana, aunque nos duela reconocerlo. Algunos dicen que somos lo mejorcito de estos lados -yo no lo creo-, pero para estos efectos igual es poco.

Frente a esto, Velasco tiene la suerte y mérito -siempre son las dos cosas- de haber trabajado con la elite mundial en instituciones de lujo -NYU, Columbia, Harvard, LSE- y lo que es casi más importante, en ciudades muy pero muy potentes como Boston, Nueva York y ahora Londres. Y como se trata de una persona que sale, pero nunca se aleja, esperemos que nos siga provocando con algunas ideas novedosas, que ayuden a despeinar y elevar el nivel de las discusiones locales.

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