La oportunidad que tiene Yasna Provoste



Por Jorge Burgos, abogado

Desde el inicio de la reconstrucción democrática Chile no enfrenta una elección presidencial como la de este año, en un contexto con numerosos factores de incertidumbre, que incluso hacen dudar por la buena marcha de nuestras instituciones republicanas.

Está a la vista que lo que ocurre en la Convención Constitucional es parte del cuadro de incertidumbre; en primer lugar, por el clima refundacional que no pocos trasmiten en ella, pero también porque asuntos como la duración del mandato del Presidente de la República y de los senadores y diputados que vamos a elegir pronto quedarán sujetos a los cambios que introduzca la propuesta de nueva Constitución que allí se apruebe, y que luego deberá someterse a plebiscito. Es obvio que este clima conspira contra la necesidad de pisar terreno firme en los tiempos que vienen. No ha sido bueno que discurriera así, pero esa es la realidad.

Por lo tanto, se va a necesitar que la inmensa mayoría de las fuerzas políticas actúen con buena voluntad y sentido nacional para que el país pueda sortear las dificultades dentro de la legalidad. Solo el estado de derecho es el marco que permite procesar las diferencias civilizadamente, y que debe cautelarse sin vacilaciones de ningún tipo. Si se agudiza la inestabilidad, pueden intentar sacar partido los populistas y autoritarios de izquierda y de derecha, y ciertamente los grupos entrenados en la violencia y que buscan beneficiarse del caos. Frente a tal amenaza, deben reaccionar todos los sectores que siguen creyendo que la lealtad con la democracia es vital para nuestra convivencia.

Por encima de la adhesión a las actuales candidaturas, el país va a requerir en los próximos meses que las principales fuerzas políticas establezcan una relación de cooperación para que el orden legal no se resienta, la actividad económica mantenga el dinamismo y se atiendan las necesidades sociales más urgentes, como el mejoramiento efectivo y sustentable de las pensiones. Quienquiera que asuma la Presidencia de la República en marzo próximo deberá empeñarse en garantizar la gobernabilidad y en tratar de unir a los chilenos. Eso exigirá favorecer el diálogo para que el país pueda progresar sobre bases firmes.

En este cuadro, mucha gente se pregunta en estos días si en la elección presidencial habrá una opción que encarne nítidamente el realismo, la moderación, que sea capaz de inspirar confianza en amplios sectores que rechazan el populismo extremo, que quieren la erradicación de la violencia, que anhelan un país a la vez más próspero y más solidario. Se trata de la mayoría del país, que valora la vida en democracia y no quiere ponerla en riesgo, que desea un orden más justo para todos, con reales oportunidades, sin discriminaciones.

Esa es la oportunidad que tiene al frente Yasna Provoste. Si encarna inequívocamente la voluntad de unir al país en torno a los valores democráticos, si apuesta resueltamente por los grandes acuerdos, si expresa una disposición de entendimiento que anteponga el bien común a cualquier partidismo, puede convocar a muchos ciudadanos que quieren volver a tener esperanza sobre el futuro de Chile.

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