Las desigualdades y la pandemia

Ecuador es uno de los países de la región con mas casos confirmados y muertes por covid-19.



A cada segundo, una nueva demostración de desigualdad nos golpea por Twitter, Facebook, Instagram o la red social que usted utilice. Una desigualdad que en plena pandemia de Covid-19 se hace más evidente e ignorarla es mucho más difícil. Gracias a esas redes, la verdad virtual nos llega a diario y nos alimentamos de historias heroicas en pleno encierro que nos llegan de España, Italia, Argentina y de los muchos “Chiles” que tenemos. Lo virtual llegó para quedarse y su irrupción nos muestra en tiempo real cuán severamente desiguales somos. 

Ya sabemos que hay un tipo de salud para unos, y otro tipo de salud para otros, el problema es que en la pandemia esa diferencia le cuesta la vida a una persona. Si se vive en un país o en otro, esa diferencia en pandemia también le cuesta la vida a las personas: en países desarrollados hay hasta cinco veces más camas críticas que en países que no lo son. La edad también discrimina: a las personas viejas se les está dejando morir si es que ese equipo sirve para salvar a alguien más joven.

Si en Chile se vive en las capitales regionales, hay más alternativas para la salud y educación que si se vive en el campo o en comunas más aisladas. En pandemia, todas estas diferencias y desigualdades se hacen ineludibles para el gobierno de turno y para todos nosotros. 

Universidades y colegios implementan clases a distancia, y descubren que muchísimos de sus estudiantes no tienen todo lo que necesitan para seguir aprendiendo en esta virtualidad: muchos viven en espacios pequeños, no tienen computador, o si lo tienen, es uno para todos. El presupuesto no alcanza para tener internet, el barrio está tomado por los narcos y los balazos distraen a cualquiera, y es mejor apagar la luz para proteger la vida. La violencia al interior de los hogares, de la que sabemos hace 25 años por encuestas aplicadas a los mismos niños y niñas, durante este encierro marcará a fuego a miles de familias. ¿Y el impacto económico? Es la dimensión desgarradora de la desigualdad, al punto que muchísimas personas prefieren arriesgar su vida y contagiarse, porque no tienen ninguna seguridad de que a fin de mes tendrán plata para comprar alimentos, remedios, pagar cuentas, créditos y tomar micro. 

En plena pandemia hemos visto cómo actúan los gobiernos alrededor del mundo, cuáles son sus énfasis, qué bienes protegen, cómo reparten sus riquezas estatales, qué le exigen al sector privado, cuán transparentes son, cómo colaboran las autoridades locales como miembros de un mismo país. Hemos visto como los seres humanos actúan con respecto a otros, cómo consuelan, acompañan y piensan en los demás. ¿Qué país seremos cuando este tiempo termine? ¿En qué nos habremos convertido como sociedad? ¿Qué exigiremos como ciudadanos a quienes nos gobiernen? ¿Enfrentaremos de una buena vez las desigualdades?

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