Las FF.AA. y la nueva Constitución



Por Marcos Sánchez, ex subsecretario de Guerra 1990-1993

Dada la importancia que las Fuerzas Armadas (FF.AA.) tienen en el ordenamiento institucional, me quiero referir a lo planteado por el candidato DC a constituyente Patricio Zapata respecto de la Constitución y las instituciones armadas, lo que hago desde mi experiencia como subsecretario de Guerra y profesor de Derecho Constitucional.

Zapata propone que se establezca un reconocimiento explícito a las FF.AA. y a la misión esencial de las mismas, y que éste debiera insertarse en la Constitución después del tratamiento del Presidente de la República, para evitar diluirlas en la burocracia gubernativa. El capítulo de la Constitución que trata del gobierno y del Presidente precede al del Congreso y al del Poder Judicial. No pongo en duda la importancia de las FF.AA., pero su misión no es política, por tanto, no deben estar entre los capítulos referidos.

El mencionado candidato plantea explicitar que las FF.AA. y de Orden tienen el monopolio de la fuerza. Sin embargo, dicho monopolio no les pertenece, es del Estado, y es el Presidente y los tribunales quienes lo ejercen por medio de ellas. Asimismo, propone conservar que los ascensos “deban ser confirmados” por el poder civil. Esa propuesta olvida que la Contraloría estableció que era el Presidente quien disponía los ascensos, y que la propuesta del comandante en jefe no era más que eso, una proposición.

El actual sistema de retiros, que propone mantener, adolece de conservar la inamovilidad de los comandantes en jefe, a quienes el Presidente solo puede destituir mediante decreto fundado, con el peligro de que pueden pasar días en que el jefe de una institución armada permanezca en el cargo sin contar con la confianza de su superior jerárquico, atentando en contra del principio de obediencia al Jefe de Estado. En este punto es conveniente recordar que el general Óscar Izurieta, comandante en jefe del Ejército durante la presidencia de Jorge Alessandri, manifestó en el Consejo de Estado su desacuerdo, expresando que era básico suponer al Presidente merecedor de su cargo y darle libertad para nombrar a los comandantes en jefe, sin que fueran inamovibles, posición compartida por los ex comandantes en jefe de la Armada y de la Fuerza Aérea, y por el exministro Julio Philippi, quien consideró esencial el control de las FF.AA. por el Presidente, considerando más grave quitarle esa atribución que el riesgo de mal uso de ella.

Conviene cambiar la actual normativa dejando absolutamente claro que las FF.AA. son obedientes, jerarquizadas y no deliberantes, estableciendo que el Presidente de la República es el comandante en jefe de todas ellas, tal como sucede en otras democracias. Las actuales funciones de los comandantes en jefe debieran ser asumidas por los respectivos jefes de Estado Mayor.

El candidato referido teme que si se cambia el actual sistema de nombramientos las FF.AA. queden cautivas por el Jefe del Estado, y pone como ejemplo Venezuela, lo cual no parece válido pues toda dictadura, o domina a sus FF.AA. o el dictador es dominado por ellas.

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