Las proporciones en las recetas de cocina

La realidad es que no todo debiera ser “revisado y discutido” y Chile no necesita más recursos, sino que precisa gastar mejor. En la Comisión de Hacienda debiera primar el principio de la parsimonia ya que todos sabemos que los cambios continuos en las reglas del juego afectarán negativamente a la inversión.



Desde que comenzó la pandemia, la misma que nos golpea desde marzo del año pasado, en cada casa en algún momento se cocinó pan casero. La receta del pan que se utilizó fue siempre la misma: 4 tazas de harina de trigo, 1 taza y media de agua, 15 g de levadura fresca, un poquito de sal y azúcar, junto con3 cucharadas de aceite de oliva. Si la receta dio como resultado un pan rico, a nadie se le ocurrirá cambiarla.

Extrañamente, lo que funciona en las casas no funciona en la política, donde de un tiempo a esta parte los representantes que hemos escogido quieren innovar en todo momento, a pesar de que la “receta” que usábamos nos permitió una reducción de la pobreza notoria. Ayer nos enterábamos que, entre las prioridades de la Comisión de Hacienda del Congreso, está el avanzar en temas tales como las exenciones tributarias y el cambio en el royalty minero, sorprendiéndome negativamente una declaración que decía que “todo puede ser revisado y discutido” y que “Chile necesita más recursos”.

La realidad es que no todo debiera ser “revisado y discutido” y Chile no necesita más recursos, sino que precisa gastar mejor. En la Comisión de Hacienda debiera primar el principio de la parsimonia ya que todos sabemos que los cambios continuos en las reglas del juego afectarán negativamente a la inversión. Hoy, el país necesita retomar la senda de crecimiento y tener un Estado más eficiente lo cual ha quedado más que claro con la nueva rebaja efectuada por la clasificadora S&P a la calificación de la deuda de Chile.

Me cuesta conciliar la idea de que el sector público, que es el único sector que no ha visto sus ingresos afectados por la pandemia, a pesar de ser el sector que todos financiamos, sea el que decida que el país necesita más impuestos en lugar de enfocarse en mejorar la eficiencia del gasto público (tal como lo han hecho las empresas privadas). De igual manera la prioridad también debiera estar en retomar la senda de crecimiento. Me cuesta creer que se pida que el gasto público no sea focalizado, en lugar de enfocarnos en cómo mejorar los mecanismos de asignación, como si de pronto nos enfocáramos más en la forma que en el fondo. Que los mecanismos no hayan estado aceitados en el último tiempo no quiere decir que la focalización del gasto público no sea lo correcto.

Entre los años 2007- 2020, el royalty minero le ha aportado al país ingresos por US$9.000 millones, pero ahora que el precio del mineral se ubica por sobre los US$4 la tonelada, vuelve a resurgir un proyecto dormido desde el año 2018 que pretende gravar con un 3% el valor nominal de los minerales extraídos, tanto para el cobre como para el litio. Aparentemente, la idea es justamente recaudar más frente a un escenario de mayor precio del cobre o litio, pero más allá de que el foco no debiese estar en recaudar más, sino en gastar mejor, lo que existe es un desconocimiento del negocio minero y de los plazos con el cuales opera el mismo. Lo anterior ocurre porque existen 3 ciclos que impactan en el precio de los commodities: el ciclo económico –como en todos los negocios–, la presencia de un super ciclo –que es algo especifico– y la duración del super-ciclo per se, que tiende a ser más prolongado que el ciclo económico.

Mi conclusión es que no podemos modificar la receta del pan permanentemente, porque en algún momento puede quedarnos mal.

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