Álvaro Ortúzar

Álvaro Ortúzar

Abogado

Opinión

El Liceo: “nuestro puñal apunta a ti”

Uno de los encapuchados lanzó una bomba molotov que alcanzó a un carabinero. Foto: Aton

Existe un contraste estremecedor entre el brillante trabajo de relato, memoria y política que desarrolla Sol Serrano en su libro “Liceo” -referido al Siglo XX- con la realidad actual. Los liceanos de su investigación se percibieron a sí mismos como los constructores políticos de la nación y de la nación cultural (Pág.17). El Liceo otorgó a muchas generaciones una identidad que los hizo sentirse inmersos en una tradición republicana para la cual la democracia era la norma. Dos ejemplos de figuras paradigmáticas demuestran la fuerza de esta idea: Patricio Aylwin y Ricardo Lagos, a quienes llaman hijos del liceo, distintos en sus visiones políticas pero cruciales en la defensa de la democracia.

Sin embargo, antes de poner a prueba esas tradiciones, existió una época de ternura y reconocimiento al maestro imperecedero. Sol Serrano rescata que en 1944 una alumna del Liceo N° 1 escribió estas palabras para el Día del Maestro, resaltando el rol sacrificial de su directora: “Viniste, oh manantial refrescante y vivificador, por caminos tal vez más luminosos para ser el aliento inspirador de este liceo (…) Nosotros sentimos tus frescos dedos modelar nuestra arcilla y hundirse en ella hasta llegar a nuestros corazones, para dejar allí tus huellas para siempre (…)” (pág. 44).

Esas huellas, a nuestro entender, eran la base de unos incipientes hombres y mujeres que se sentían dueños y partícipes del futuro de Chile, que habían sido formados bajo principios republicanos. Los años que vinieron después, ni siquiera cuando nuestro país entra en una crisis política y social, logran destruir el concepto de liceo ni la visión de sí mismo que esboza Sol Serrano en su libro: constructores políticos de la nación y de la nación cultural.
Basta revisar los movimientos estudiantiles de los años 2006, 2008 y 2011 para darse cuenta de la fuerza de la revolución pingüina, de las demandas por un derecho a la educación en contra de su privatización, la movilización de más de 600 mil estudiantes y más de 400 establecimientos paralizados, movimientos que catapultan al Congreso a Giorgio Jackson y Camila Vallejo, que sobrepasan a los presidentes Bachelet y Piñera en su momento y que hacen vibrar en las calles a alumnos, profesores y padres, en un abrazado ideal de cambio social y también de respeto por la historia y que guardaban en la memoria, la que habían aprendido en su liceo o universidad.

Luego viene lo de ahora. Un nuevo fenómeno en que alumnos agreden a sus profesores, los rocían con bencina, destruyen sus salas de clases. El espíritu liceano está siendo desgarrado y la responsabilidad de los padres parece sobrepasada por el miedo a sus propios hijos adolescentes. Desarrollar desprecio hacia su propio liceo y sus profesores, no reconocer el valor de la educación y de la familia y, escondidos tras un pasamontaña, amenazar a su rector con el anónimo “nuestro puñal apunta a ti”, son actos contrarios a la sociedad y de las cuales esta tiene derecho a defenderse. Corresponde a la autoridad proveer con decisión los medios penales para ello.

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