Todos los gobernantes se desvelan pensando en cómo registrará la historia su paso por el poder. Desde octubre pasado, el Presidente Piñera tiene motivos para inquietarse al respecto. La crisis en curso no ofrece opciones óptimas, pero todo será más difícil si hay confusión sobre lo que está en juego. El Mandatario será juzgado, en primer lugar, por lo que haga o deje de hacer para proteger a la población ante la violencia; por la capacidad o incapacidad que muestre para hacer respetar la Constitución y las leyes. En otras palabras, por la suerte que corra la democracia.

La devastación y el pillaje en gran escala habrían desestabilizado a cualquier gobierno, pero el shock quizás podría haberse atenuado si Piñera no hubiera errado al comienzo al interpretar lo que ocurría como un movimiento de demandas sociales, y creer que la billetera fiscal traería la calma. No la trajo, pero además confundió a la mayoría de los chilenos, y hasta alentó la indulgencia hacia los "luchadores sociales" que saqueaban y quemaban. Ese error impidió alertar a la población sobre el ataque al orden democrático. Si Piñera no captó eso al principio, la campaña para sacarlo de La Moneda tendría que habérselo dejado claro.

El mandato presidencial concluye en marzo de 2022. Un quiebre en este punto tendría costos incalculables y empujaría a Chile hacia un largo período de inestabilidad. Precisamente por eso, no puede prolongarse la situación de temor e incertidumbre provocada por las ilegalidades que quedan impunes, por la sensación de que existen fuerzas muy oscuras que tienen acorralado al Estado.

Al cabo de cuatro meses, ¿qué saben los servicios de inteligencia de las FF.AA. y las policías sobre los hilos que se han movido detrás de la alianza político-delictiva que empujó a Chile a la crisis?

¿Vislumbran quiénes son los cabecillas y cómo se financian? ¿Comparten la sospecha de que la Coordinadora Arauco Malleco "exportó" desde La Araucanía a Santiago y otras ciudades su experiencia en materia de atentados incendiarios? ¿Y de dónde saca plata la CAM? Además, con el paso de los días, queda de manifiesto que las bandas del narcotráfico constituyen una fuerza "política" en ascenso, que gana nuevos territorios, busca demoler a Carabineros y paga a miles de muchachos dispuestos a cometer tropelías.

Los anuncios sobre marzo revelan que los agentes del caos saben de guerra sicológica. Con la excusa del Día de la Mujer, el Día del Agua, el Día del Joven Combatiente y la Marcha Mapuche, un video proclama gozosamente: "¡Vamos a portarnos mal!". Marzo es una prueba para todos, y no hay espacio para la mezquindad partidista. Ojalá los canales de TV hayan sacado alguna lección de civismo de todo lo ocurrido.

No sabemos si se mantendrá la actual Constitución o se elaborará otra, pero el problema es si tendremos o no estado de derecho en los tiempos que vienen. Esa es la verdadera definición.

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