Lo popular y lo correcto


Las medidas que han tomado los gobiernos en América Latina frente a la pandemia del Covid-19 varían en cuanto a su nivel de drasticidad. Mientras que el gobierno chileno es uno de los pocos que no ha forzado el confinamiento total de la población, a pesar de haber superado los mil casos de contagio, el peruano ha decretado cuarentena general, estado de emergencia y toque de queda, cuando tenían menos de cien enfermos. Pero, si ordenamos las medidas en un continuo de responsabilidad/irresponsabilidad, incluso las del gobierno chileno se ubican en el primer campo. A pesar de la blandura de las medidas de Piñera, estas se sustentan, según repiten sus voceros, en criterios y protocolos científicos. En cambio, los gobiernos de México y de Brasil envían señales que caen en el campo de lo irresponsable. Por ejemplo, el martes pasado, Bolsonaro criticó el cierre de las escuelas; sugerencia definitivamente en contra de las recomendaciones de las autoridades mundiales de salud.

Las reacciones de las opiniones públicas no se hacen esperar. En épocas de pandemia, el temor crece y las personas tienden a preferir consideraciones conservadoras. Así, las medidas más drásticas son las más apoyadas, aunque sean luego desobedecidas por quienes las demandaron. Por ejemplo, en la capital chilena, un 89,9% de encuestados por la UDD respalda una cuarentena total por 15 días. En las zonas urbanas peruanas, el 95% de encuestados por Ipsos aprueba el aislamiento obligatorio ordenado por Vizcarra. Incluso en Brasil, a pesar de Bolsonaro, el 73% favorece la cuarentena, según Datafolha. Las medidas más severas cuentan con apoyo popular y, más aún, son las más recomendadas por los especialistas médicos. Más que nunca, sentido común y ciencia van de la mano. Si todos los países van hacia el confinamiento total, ¿por qué algunos presidentes, como Piñera, deciden hacerlo más tarde que temprano?

La situación de la economía chilena, golpeada por el estallido social, incentiva a los tomadores de decisión a sopesar más lentamente la inevitabilidad de una cuarentena total y obligatoria, a pesar de la grave tasa de crecimiento de infectados. Las condiciones del sistema de salud, la trazabilidad de los casos y el hecho de que la mayoría de contagiados sean personas de mediana edad y no ancianos, entre otros factores, ralentizan la severidad de las medidas. Asimismo, mantener al aparato productivo aún en marcha, aunque sea parcialmente, podría ser fundamental para una recuperación económica futura, que pinta oscura a nivel global. A Piñera, acostumbrado a la impopularidad, no le cuesta sumar puntos de antipatía al confiar en que son las decisiones correctas.

Mas, también es cierto que estamos ante apuestas, más que ante certezas. El nivel de crisis sanitaria y económica que ha causado el Covid-19 no tiene precedentes. Por lo tanto, ninguna fórmula -ni química ni económica- está probada. Ante la novedad del reto y el incipiente desarrollo de los acontecimientos, es muy temprano para decir qué presidente hizo lo correcto. Por ahora, los datos solo hablan de lo más popular.

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