Los riesgos del negacionismo

Mauricio Rojas

Mauricio Rojas al momento de asumir.


El nuevo ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Mauricio Rojas, colocó al gobierno y a la Corte Suprema en un gran embrollo. La publicación de sus opiniones sobre el Museo de la Memoria, al que califica de "montaje", aparecen en un momento poco adecuado para la Corte Suprema, y en especial para el gobierno.

Para la Corte Suprema, que tiene la amenaza de una acusación constitucional contra los ministros de la Sala, las recientes declaraciones del Ministro Rojas contra el Museo de la Memoria solo encienden la pradera y colocan en una difícil situación a muchos diputados de la oposición, que en privado pensaban que era impresentable entrar a acusar ministros por sus fallos judiciales. La posterior defensa del presidente de RN, donde acusa de sesgo al museo donde se muestran los horrores de la tortura, coloca más leña a la hoguera y polariza más el asunto.

Para La Moneda, la frase de Rojas -que fue dicha en un libro escrito hace dos años- enreda el panorama ad portas del 11 de septiembre. Por un lado, el gobierno esperaba con el cambio de gabinete despejar la agenda y tener una semana de logros. La operación comunicacional, que incluía el despliegue de los nuevos ministros, quedó opacada ante la polémica. La conversación que se instalará es hasta cuándo resiste Rojas el boicot que se le viene. El eje de la polémica de los medios estará en las razones de su designación, e incluso en su propia biografía de converso. En una entrevista reciente a este medio, el exsecretario general del MIR instala la duda de la propia versión del ministro respecto a su historia personal.

El trauma del 73 es parte de la identidad de la nación. En su gobierno anterior, el Presidente Piñera se había sumado a los muchos que condenan, sin ambages, las graves violaciones a los derechos humanos que ocurrieron en la dictadura militar. Su frase llamando "cómplices pasivos" a los civiles que con su silencio colaboraron con la tortura, desaparición, ejecución y exilio de miles de chilenos, le valió reconocimiento transversal, y lo más valioso para La Moneda de entonces: puntos en las encuestas que le permitieron terminar en alto después de una administración turbulenta. Quienes relativizaban o desconocían lo que pasaba en los cuarteles de la DINA o la CNI se habían reducido a grupos de fanáticos y vociferantes en las redes sociales.

Rojas se suma a una tendencia peligrosa en la derecha chilena: el negacionismo que implica caer en absurdos como que se debiera construir otro museo, para explicar el contexto en el cual se produjo el golpe de Estado. Como diría el expresidente Lagos, es imposible comparar los errores con los horrores, que es lo que desea este grupo que empieza a crecer lentamente en el oficialismo. Como parte de ese fenómeno se explica el respaldo del presidente de RN al recién asumido ministro. Esto es mal negocio para La Moneda, que había logrado posicionarse como un gobierno moderado, preocupado del crecimiento económico, con preocupación por una mejor gestión del Estado y que había dejado atrás el pesado lastre de la dictadura en la derecha. El propio Mandatario votó en el plebiscito contra la dictadura, lo que le da una valía moral para hacer esa distancia.

Esta polarización puede terminar no solo complicando a la Corte Suprema, con mayores posibilidades de éxito de la acusación constitucional, sino al propio mapa político chileno, y de manera insospechada -gracias a Rojas- lograr la unidad de la oposición.

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