Los “Salieris” de Boric



Por Juan Carvajal, periodista y ex director de la Secom

¿Cómo un éxito de los noventa de León Gieco se transformó en el himno de campaña de Boric? La historia cuenta que, en un cumpleaños de la esposa de Gieco, Charly García interpretó una canción de Los Beatles que cautivó a los presentes. Tiempo después, Gieco, en referencia al hecho y a Antonio Salieri en la película Amadeus de Milos Forman, dijo: “Nosotros somos como los Salieris de Charly”.

¿Qué tiene que ver todo esto con Gabriel Boric y la identificación del tema con el proceso electoral que acaba de terminar? Sumergiéndonos un poco en la historia del presidente electo, se logra descubrir claves que permiten entender por qué la canción logró interpretar aspiraciones, planes e identidades de su desarrollo.

Como se sabe, ganar una elección presidencial es el corolario de un extenso proceso de experiencias políticas y sociales que no solo requiere de recursos sino también de apoyo humano que se exprese en el trabajo en terreno, en campañas de posicionamiento y de conjugar en un momento preciso el estado de ánimo y el sentir ciudadano. En definitiva, un buen diagnóstico y una buena dosis de suerte. Factores todos que, en esta oportunidad, confluyeron y se expresaron en el gran triunfo presidencial de segunda vuelta.

Gabriel Boric, lejos de ser solo un líder estudiantil que se fue empinando a costa del apoyo de mayorías circunstanciales, forma parte de una “tribu” o grupo que, de esas movilizaciones hasta hoy, ha transitado unida entre la amistad, la lucha por los derechos, el goce de la juventud y la búsqueda de concretar sueños. Y sin duda, también con una clara ambición expresada en la canción de Gieco: “Queremos ya un presidente joven, que ame la vida, que enfrente la muerte, la tuya, la mía, de un perro, de un gato, de un árbol, de toda la gente…”, aunque digan, “…la juventud no tiene para gobernar experiencia suficiente”.

Así, el grupo que llegó al poder gubernamental es una mezcla de complicidades de vida, cercanía política y, sobre todo, confluencia generacional. Como ya se ha dicho, esta generación jubiló a sus “abuelos” con las manifestaciones estudiantiles del 2011 y luego a sus “padres” con todo el proceso que cuajó a partir del estallido del 2019.

El triunfo de Boric significó, por lo tanto, la emergencia definitiva de una nueva generación al mando del país. Y como en todo proceso histórico, no pidió permiso ni esperó ser llamado a cumplir roles que entregaran experiencia. Sintió llegado el momento y simplemente asumió el mando. Es de esperar que la mesura se imponga a la impaciencia y el sentido común busque en la experiencia el complemento para no hacer fracasar este nuevo ciclo, que puede ser muy importante para Chile. Porque, como en todas las cosas de la vida, no parece muy sensato aplicar a rajatabla esa parte de los Salieris de Charly que reza: “Menos mal que estamos acá, nosotros no vamos a transar. Menos mal que estamos acá, nosotros no vamos a parar”.

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