Más que un saludo a la bandera

Congreso

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Se vuelve a discutir una ley de cuotas en política mientras, paralelamente, se está cambiando el nombre de la Cámara Baja a Cámara de Diputados y Diputadas: dos procesos importantes y complementarios. No es un cambio trivial y refleja un cambio social importante: explicita que el rol de representar a la ciudadanía corresponde a hombres y mujeres por igual. Define de otra manera el territorio, reconoce y abre posibilidades.

El lenguaje importa porque, en la práctica, se trató de un espacio mayoritariamente masculino, por mucho tiempo. Justamente por lo natural que resultaba es que fue necesario poner cuotas 60/40 para las parlamentarias. Y el efecto fue el esperado: un aumento de la representación femenina. Las cuotas y el lenguaje inclusivo, que revelan el cambio logrado, son parte de la misma evolución.

Hoy debatimos por extender la acción afirmativa a las elecciones municipales y de gobernadores, espacios donde la mitad de la sociedad ha estado absolutamente subrepresentada. Por coherencia, además de por necesidad, con el nuevo proyecto de ley que se discute en el Congreso esperamos que, lo que se logró para el Legislativo, deba regir también para las otras instancias de elección plurinominal a cargos públicos, transversalizando el principio de igualdad en la política.

Una vez que la ley se apruebe, si las listas para consejeros regionales y concejales tienen menos del 40% de candidatos/as del mismo sexo, serán rechazadas por el Servel. En eso ha habido acuerdo en la Comisión de Mujeres y Equidad de la Cámara de Diputados y, esta semana, en la Comisión de Gobierno Interior, a la cual asistieron los ministros Blumel y Plá.

Sin embargo, queda por resolver el financiamiento, un tema delicado pero necesario de zanjar si queremos que las mujeres puedan contrarrestar las desventajas con que compiten. Menos acceso a créditos, poco compromiso de sus partidos y, en definitiva, solo una fracción de lo que reciben sus pares masculinos.

Sabemos que solo cuando comience a ser habitual verlas en estos espacios, quedarán obsoletos los viejos temores sobre su falta de experiencia y se arraigará el cambio cultural. Ya se ha visto cómo en el resto del mundo su visibilidad en roles de conducción ha hecho que no sea novedad verlas al mando de organismos internacionales.

Pronto habrá base para hablar de consejeros y consejeras, alcaldes y alcaldesas, concejales y concejalas, porque las proporciones entre hombres y mujeres en esos roles serán más equilibradas. Porque queremos una democracia donde la ciudadanía esté mejor representada y donde quepan las diversas experiencias en temas clave como educación, salud, empleo, pobreza y tantos otros que, sabemos, afectan a las mujeres de manera distinta. Queremos, sobre todo, que los espacios se abran y que las niñas sepan que hay un lugar para ellas en la diversidad de ámbitos donde decidan cumplir sus sueños y aportar a la sociedad.

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