Medidas para prevenir desastres

TOCOPILLA: Viviendas de fallecidos en aluviones de Tocopilla



SEÑOR DIRECTOR

Las lluvias del pasado fin de semana produjeron una serie de catástrofes que han sido abordadas como efectos de un evento inesperado e inusual, al igual que las fuertes lluvias de 2015 en el Norte Grande o los incendios de la Zona Centro Sur en 2017. Pero todos estos eventos deben enlazarse y proyectarse hacia el futuro, pues vendrán otros igualmente inusuales.

Sabemos que debido a la crisis climática los eventos meteorológicos extremos aumentarán, pero no estamos haciendo mucho ni por adaptarnos ni por manejar el riesgo de desastres. Esto último exige un sistema de gestión con capacidades y planificación suficiente. Lo primero, requiere restauración de los ecosistemas y proteger bosques nativos, humedales, laderas de cerros y glaciares, entre otros.

Un ordenamiento territorial que identifique las vulnerabilidades al riesgo de desastres para poder disminuirlas y una gestión ecológica del territorio que provenga desde los gobiernos locales es esencial en esta línea, pero de nada servirá si no se le dota de más fuerza que las decisiones privadas, centralizadas y desreguladas de inversión, que siguen tomándose sin consideración de la crisis climática y en muchos casos incluso empeorando las posibilidades de adaptación de los territorios.

Mientras esperamos que una nueva Constitución cree mejores condiciones para enfrentar la crisis climática, entender cómo cada alteración de los ecosistemas se conecta con el riesgo de desastres parece una tarea urgente y que solo requiere de la voluntad de la autoridad para aplicar la ley. Una evaluación adecuada de los riesgos puede salvarnos de muchas pérdidas, que difícilmente podrán seguir siendo calificadas de inesperadas.

Ezio Costa

Director ejecutivo de ONG Fima

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