Mi viejo, la cancha y la productividad



Por Roberto Álvarez E., académico FEN Universidad de Chile

Hace algunos días me tocó comentar en un seminario organizado por la Comisión Nacional de Productividad un muy bien ejecutado estudio del Banco Central, que indagaba sobre la caída en el crecimiento de la productividad de la economía chilena y motivaba la búsqueda de respuestas a nuestro pobre desempeño. Minutos antes de partir, uno de los organizadores bromeó sobre mi lucha incesante en redes sociales por el estadio de fútbol aún inconcluso en mi pueblo, El Tabo. Ahí recién entendí, en la simplicidad de la construcción de un estadio, el significado de dos cosas fundamentales: ¿Qué es productividad?, y lo poco sorprendente de nuestro paupérrimo desempeño.

¿Qué es productividad? El residuo de Solow, dirá un aplicado estudiante. La medida de nuestra ignorancia, dirá un atribulado hacedor de política. Es el A de la función de producción Cobb-Douglas, dirá el asistente de investigación del economista senior del instituto emisor. Todos tienen razón, pero creo que están lejos del verdadero significado. Productividad es hacer lo máximo con lo poco que tenemos. Tan simple y complejo como eso.

Si una sociedad demora más de 7 años en construir un estadio de fútbol, estamos en graves problemas. Si hay más gente haciendo fila en una notaría que presentando proyectos a la Corfo o abriendo empresa en el SII es que algo anda mal. Si gasto más de dos horas al día firmando certificados de competencia y de expertise en vez de escribir un paper o preparar una mejor clase, es que algo no funciona bien con las funciones contraloras. Si en algunas universidades se toman 10 años en decidir si un profesor puede pasar a otra categoría, comparado con cinco años en Estados Unidos, no nos sorprenda nuestra baja productividad relativa. Es más, si en 15 años un profesor no publica, lo cesas de su cargo por bajo desempeño, y la Contraloría te obliga a recontratarlo, no tengas dudas que ese individuo racional preferirá su carrera política o el ocio antes que escribir papers.

Con esa estructura de incentivos no entiendo qué es lo sorprendente de nuestra baja productividad. Lo verdaderamente sorprendente es que haya crecido con semejantes distorsiones. Mi viejo en cambio, con poco hizo mucho. Junto al esfuerzo de mi madre, construyó nuestra casa y educaron a los cinco hijos. Mantuvo vivo al club deportivo y nos consiguió una cancha de tierra donde jugar cuando los ineptos no fueron capaces de hacer un estadio.

Escucho a mis colegas con sus complejos modelos y esas modernas técnicas para calcular la PTF y entiendo que no entienden nada. Miro la foto de mi viejo en la polvorienta cancha y comprendo mucho más que las alternativas robustas para estimar productividad y las nuevas fuentes de datos que están usando. Es simple. Es como nos enseñó mi viejo que nunca conoció una función de producción, ni mucho menos el residuo de Solow. Es sencillamente hacer más con lo poco que tenemos. Es levantar una cancha y no demorarse siete años. No es fácil, parece, no todos tienen la suerte de tener un viejo como el que yo tuve.

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