Migración y acogida

FOTO: CRISTIAN VIVERO BOORNES/AGENCIAUNO




SEÑOR DIRECTOR

La situación migratoria presenta desafíos para los gobiernos en cuanto a establecer mecanismos que garanticen a los extranjeros una adecuada calidad de vida, con el debido acceso a todos sus derechos. Vivimos una época que genera desplazamientos. En los últimos años -con variaciones debido a la pandemia-, Chile se ha convertido en un lugar atractivo para migrantes y refugiados, debido a su estabilidad social y económica. En los movimientos migratorios hay un desarraigo, un sentimiento de soledad y angustia del migrante que se enfrenta a un mundo desconocido; así como hay temor de la población local que ve también a veces con angustia y prejuicio la llegada de una cultura y una forma de vida diferente.

Si bien la migración puede ser dolorosa para todos sus protagonistas, incluso habiendo la esperanza de una mejor vida, en el mediano y largo plazo los desplazamientos migratorios producen un crisol de culturas donde se funden costumbres y creencias diversas que dan lugar a una rica y valiosa interculturalidad. Este encuentro de diferentes etnias, la convivencia de distintas religiones y costumbres redibujan una nueva identidad. En nuestro país, en las últimas dos décadas ha habido un incremento muy significativo de población migrante, alcanzando hoy cerca de un millón y medio de habitantes provenientes de Venezuela, Perú, Haití, Colombia y muchos otros países.

En este contexto, es de vital importancia que en las universidades se aborde el desafío de la interculturalidad, a través de iniciativas estratégicas que permitan abordar de manera global la incorporación a la comunidad universitaria de quienes se autoidentifican como parte de una comunidad asociada a los pueblos originarios o que pertenecen a grupos de las recientes olas migratorias, incluyendo a quienes han emigrado por la condenable invasión a Ucrania. Con ello, se debe aspirar a impulsar un cambio cultural en nuestro entorno universitario y por esta vía contribuir a reconocer y valorar la interculturalidad como un aspecto distintivo de nuestra sociedad.

A lo largo de su historia, Chile ha vivido varios procesos migratorios. Así, hemos visto que el desplazamiento de migrantes no solo ha presentado desafíos sino también grandes oportunidades. La forma de acogerlos nos retrata como país, y en este proceso, las universidades debemos ser un aporte y mostrar caminos de encuentro y solidaridad.

Ignacio Sánchez D.

Rector, Pontificia Universidad Católica de Chile

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