Migración y el rol de los municipios



Por Pía Mundaca, directora ejecutiva de Espacio Público

El desafío que presentan los flujos migratorios tanto para los Estados como para la sociedad en su conjunto tiene múltiples aristas, varias de ellas las hemos podido reconocer de manera intensa y lamentable en los diversos hechos acontecidos en las últimas semanas en Chile.

La migración es un desafío complejo, y pretender discutir sobre ésta desde una única dimensión o con soluciones caídas del cielo es una irresponsabilidad y, hasta en algunos casos, una mentira. Los actores que frecuentemente han quedado fuera de la discusión, pero que son fuertemente impactados por la migración, son las municipalidades.

Históricamente, la integración de los migrantes se ha analizado desde el punto de vista nacional. Sin embargo, en los últimos años, la relevancia del nivel local en el proceso migratorio ha aumentado considerablemente. Diferentes investigadores reconocen que las ciudades son una unidad espacial que requiere más atención. Es en la ciudad donde los migrantes encuentran un trabajo, buscan una escuela para sus hijos, se relacionan con nuevas personas y acceden a diferentes servicios. Por tanto, desde la perspectiva de la formulación de políticas públicas, la localidad representa una dimensión esencial para el estudio de los procesos políticos. Es en este nivel donde se concreta la decisión y la acción del proceso de políticas públicas.

En este sentido, no es extraño afirmar que la integración de los inmigrantes se produce en el ámbito local y, en consecuencia, las autoridades locales tienen un papel cada vez más importante en ese proceso.

El contexto al que se enfrentan muchas municipalidades ha dado lugar a la aplicación de diferentes políticas locales para facilitar el proceso de integración y gestionar la diversidad, lo que ha llevado también a diseñar iniciativas para mitigar la exclusión y la segregación que pueden sufrir los migrante. Diversos municipios han diseñado políticas para complementar las iniciativas nacionales, y para repararlas cuando no funcionan; o en casos más extremos, han sido la única respuesta existente frente al vacío institucional. En Chile, es posible reconocer municipalidades con oficinas destinadas a la atención de migrantes, unidades vinculadas a áreas de diversidad o la creación de programas sociales que intentan dar respuesta a desafíos que se les presentaron con considerable anterioridad que al nivel nacional. La multiplicidad de las respuestas locales en las comunas que existen, han sido el resultado de la voluntad de sus autoridades y en buena parte han dependido de los esfuerzos de funcionarios municipales comprometidos. Todo esto es destacable, pero la política pública no se puede diseñar e implementar desde el esfuerzo personal.

Desde el estallido, el reconocimiento y protagonismo que han tenido alcaldes y alcaldesas ha sido transversal. Es de esperar que esto se traduzca no solo en admiración hacia la gestión que realizan, sino también hacia la creación estructuras institucionales que les permitan hacer un buen trabajo.

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