Nostalgia

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Soy hijo de padres viejos, quiero decir que cuando nací mi papá había llegado a los cincuenta y mi madre estaba avanzada en los cuarenta; además, en una época en que la senectud llegaba mucho antes. Esto hizo que me criara entre tangos y boleros, canciones que yo escuchaba con desdén, como algo de otra época, sin atractivo. Pero como la juventud es la única enfermedad que se cura con los años, con el tiempo he aprendido a valorar esa música, con sus quebrantos y reflexiones sobre el alma humana.

Los preparativos, por parte de los partidos de oposición, del aniversario del plebiscito de 1988 con el correspondiente triunfo del "No", me han recordado inevitablemente ese tango/bolero de Gilberto Monroig titulado "Nostalgia", cuya letra narra el dolor de recordar un amor pasado, cuya memoria evoca un período de felicidad perdida. Habría que ser muy ciego o muy pequeño para negar que la opción del No en esa elección tuvo una mística notable, sus promotores se sentían -para ser justos estaban- haciendo historia. Luchaban de "chico a grande", la identificación de su causa con la democracia le daba también el carácter de gesta y los llamaba a superar cualquier diferencia pasada, así como luego los gobiernos que sucedieron a ese hito fundacional tuvieron un marcado sentido de responsabilidad republicana.

Pero también habría que ser ciego para no reconocer que toda aquella mística se perdió en la noche de los tiempos, que hace mucho se produjo el desasimiento del tribunal de la historia que convocó a esos actores; tanto, que varios de ellos hoy incomodan a quienes debieran ser sus herederos políticos, al punto que "Concertación" ha devenido en una mala palabra para la izquierda actual. Es que, en el fondo, el 5 de octubre es, para la oposición de hoy, como la fecha del matrimonio para cónyuges actualmente divorciados.

Con todo, aunque ahora ya no hay coalición común, ni proyecto común, ni mucho menos un liderazgo común, esa fecha evoca para muchos una época feliz, en que existía todo aquello y, encima, el gobierno parecía asegurado hasta el fin de los tiempos. Entonces, se entiende la incapacidad de tener una celebración compartida, como también se comprende la nostalgia de muchos. Es que la política gira en torno al futuro, porque el poder es una categoría que no tiene pasado. Por eso, el pasado no suele tener la fuerza suficiente para unir coaliciones, someter disputas de liderazgo o elaborar proyectos; en el pasado, cuando más hay nostalgia, ese anhelo "de escuchar su risa loca" (la del poder obviamente). Algo así deben sentir los protagonistas de ese triunfo épico, al ver que nadie parece saber bien qué hacer con la fecha que marca su momento de gloria.

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