Ocaso de los medios tradicionales

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La tecnología ha revolucionado todo y seguirá haciéndolo de manera aún mayor. El telegrama, el correo, incluso el fax que otrora parecía un milagro, hoy ya no tienen sentido. La democracia es una de las pocas instituciones de organización que no se ha adaptado a las nuevas tecnologías y deberá hacerlo antes de que sea demasiado tarde. Pero claro, los políticos son incumbentes y defenderán sus posiciones, probablemente hasta el colapso.

En los medios, vemos cómo poco a poco se cierran las revistas semanarias y los diarios pierden relevancia, por cierto partiendo por el interés de los más jóvenes. Los diarios están todos en internet y es tanto más cómodo verlos ahí. Las radios mantienen relevancia porque son compatibles con otras actividades y son una inestimable compañía en el tráfico. La TV abierta se apaga aceleradamente, fundamentalmente porque está obsoleta. Los seguidores de eslogans dicen que la radio no reemplazó al diario, y la TV no lo hizo con la radio y por ende va a seguir. Pero a ese comentario simplista le faltan varias vueltas de tuerca. Los diarios se comieron a las revistas, ambas del mundo escrito. La FM se comió a la AM, ambas del mundo sonido. Y exactamente de la misma manera, la internet se está comiendo inexorablemente a la TV.

El cable, Netflix, YouTube, el streaming, la infinitud de portales, la televisión del mundo y otros erosionan de manera irreversible al sistema de imágenes de la televisión abierta tradicional. La TV de flujo (la TV abierta) no resiste la competencia de otro sistema de imágenes en modo stock en que finalmente es la persona quien programa su propia malla.

La política en vez de ordenar la sociedad en base al bien común, finalmente distorsiona todo en función de intereses particulares. En Chile se cerró al diario de papel La Nación y no pasó nada, igual que las antiguas radios estatales. De la misma manera nada ocurriría si se cerrara TVN, pero claro, es el botín de un sector político que no está dispuesto a soltar, ya que ayuda en su causa a costa de todos.

Por ahora la TV abierta tiene la ventaja de las noticias, del deporte, y la calidad de imagen. Pero eso es poco a poco cosa del pasado y del ancho de banda. Los canales de cable de stock pueden repetir las noticias todo el día, agregando lo más reciente. Netflix y equivalentes en algún momento pasarán al deporte. Eso significa cortar la esclavitud de ordenar la vida en torno a las noticias de las 9PM. Pero igual el twitter adelanta todo, los portales y el celular también.

Los diarios viven su ocaso histórico, deben reinventarse casi desde cero, y por cierto se puede pero hay que mirar en la dirección correcta. La TV será absorbida por la gran red y será parte de ésta. De hecho, todos los televisores nuevos están conectados y ofrecen un menú digital alternativo de opciones maravillosas, ciertamente mejor al de la TV abierta. Si agregamos a este guiso el poder de la computación cognitiva que aporta el big data, el futuro de la TV y otros medios es aún más sombrío. Por ejemplo, la capacidad de testeo de la opinión pública en tiempo real, pero con 99,99% de certeza.

La ventaja indescriptible de la gran red sobre los medios es que permite no solo la interacción con el medio, sino con el resto de los que están conectados. Es lo que se llama el paradigma de comunicación de varios a varios, versus de uno a varios que es lo tradicional. En esos esquemas, la "editorial" del medio que facilita no es una opinión, es la arquitectura tecnológica de la plataforma. En Chile seguiremos esperando que se desangre el canal estatal porque no tenemos el coraje de hacer lo que hay que hacer. De la misma manera ocurrirá con los otros canales que se apegan al pasado. Aún es tiempo de mirar el futuro.

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