Optimismo moderado



Por Tomás Rau, profesor asociado y director del Instituto de Economía de la UC

Superando todo pronóstico, las cifras del Índice de Actividad Económica (Imacec) de abril del presente año muestran un crecimiento casi inédito en la historia económica reciente del país. Con un crecimiento interanual de 14,1%, y dada la baja base de comparación del año anterior, la cifra es la más alta desde septiembre de 1992, cuando otros bríos impulsaban la entonces bullante economía chilena.

Sin duda que la recuperación de la actividad económica es una buena noticia, la que parece avanzar indefectiblemente a pesar de las severas restricciones impuestas por el confinamiento y de la incertidumbre derivada del proceso político que recién comienza. Es más, la actividad económica ya casi alcanza los niveles pre pandemia y pre estallido social, lo que refuerza las auspiciosas proyecciones de crecimiento de diversas instituciones nacionales e internacionales para nuestro país. Mientras el Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento de la economía de hasta un 6,5% para el 2021, el Banco Central de Chile es aún más optimista con una estimación de dicha cifra que podría alcanzar un 7%.

Las razones detrás del sólido crecimiento del Imacec del mes de abril serían, entre otras, una creciente capacidad de adaptación de las empresas y personas a las medidas de confinamiento de la mano de una fuerte recuperación de los sectores comercio y servicios. Esto último reforzado por la importante inyección de liquidez de las transferencias monetarias y los retiros de los fondos previsionales, convirtiéndolos en un verdadero catalizador de la actividad económica.

Sin embargo, existen muchos elementos que llaman a la cautela y nos invitan a trabajar con mucha fuerza para superar los estragos de la pandemia lo antes posible. Recuperar los niveles de actividad económica pre pandemia en un poco más de un año es notable, pero que esto ocurra con un millón de puestos de trabajo menos es muy preocupante para muchas familias chilenas que sufren por la falta de empleo. Sabemos de crisis anteriores que el mercado laboral se recupera con rezago respecto de la economía, pero el tiempo apremia y con una ocupación de las camas UCI del 97% el desconfinamiento parece aún lejano, lo que confabula contra la ansiada recuperación.

Por otra parte, los niveles de incertidumbre en el país por el desarrollo del proceso político, la trayectoria de la deuda pública y lo que pueda ocurrir ante un potencial resurgimiento de la violencia no contribuyen a la recuperación del crecimiento de largo plazo ni a la estabilidad política y social.

En tiempos en que el pesimismo parece inteligente y el optimismo superficial, es imperioso crear las condiciones para que este optimismo moderado, acompañado de las cifras del Imacec de abril, se transforme en una recuperación de largo plazo. Para que ello ocurra necesitamos un rol protagónico de la política pública, generando incentivos para la reactivación laboral y acelerando el proceso de vacunación para observar el anhelado descenso en los contagios y hospitalizaciones (ya se ha visto un descenso dramático de hospitalizaciones para los tramos etarios con altas tasas de vacunación). Solo así podremos retomar una nueva normalidad y generar las condiciones para un crecimiento sostenible, con creación de empleo, y superar la severa crisis que nos aqueja.

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