Página en blanco

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SEÑOR DIRECTOR

Hoy asistiremos al momento electoral más extraordinario que puede protagonizar una comunidad política: un plebiscito constitucional. Sin embargo, hay un concepto clave que nos sigue merodeando sin haber sido debidamente esclarecido, al mismo tiempo que se ha usado -quizás torcido- para perturbar electoralmente: la página en blanco.

Se ha construido una caricatura de ella, para hacer creer que una Constitución se construye sobre una tabla rasa, en la que todo puede ser escrito, incluso lo que beneficie a unos pocos para depredar a otros. No, definitivamente ello no es así. Hay muchas razones para repudiar la posibilidad de una Constitución para solo unos, y claramente ninguna para creer que eso será lo que nos ocurrirá.

En la deliberación democrática, todos los días, ayer y mañana, nos encontramos personas con formas de ver el mundo que no solo difieren entre sí, sino que no pocas veces son incompatibles. Por ello, el debate público debe ser desarrollado como un proceso racional, mucho más rico y complejo que la simple agregación de voluntades. Existe la voluntad política de que la razón y las convicciones nos conduzcan a garantizar la convivencia social y política, porque el país, la Nación y sus miembros están por sobre las diferencias. Con esfuerzo intelectual y generosidad cívica siempre lo hemos logrado.

Una Carta Fundamental debe ser concebida como el espacio en que nos autoafirmemos como individuos los socialcristianos, comunistas, liberales y socialdemócratas. En la Constitución nos encontraremos todos y todas. Esto no es un delirio adolescente, sino la convicción de que las constituciones son mucho más que un mero conjunto de normas donde se organiza la vida en común; en ella se encuentra lo que nos constituye.

Es natural el temor ante la incertidumbre. Es entendible que se llene de pesimismo el espacio que deja el enfrentarse a lo desconocido. A ellos y a todos se les debe dar la tranquilidad que la comunidad política hará posible la justicia y el progreso, la propiedad y la igualdad, la libertad y el orden, lo mismo que la dignidad de toda persona. Y sin duda, todos debemos abrirnos a los necesarios desafíos del mundo de hoy, que ya no son posible eludir. Esos propósitos forman parte de lo que nos constituye, de lo que somos.

Alejandra Krauss Valle

Abogada

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