Parlamentarios y reglas sanitarias

A raíz del caso de una diputada que no ha completado su esquema de vacunación, cabe esperar que el Congreso revise sus protocolos sanitarios y evite dar la impresión de que sus reglas son distintas de las que se aplican para el resto de la ciudadanía.



La inédita situación que se ha producido en la Cámara de Diputadas y Diputados, en que toda la bancada del Partido Socialista se encuentra en cuarentena preventiva a raíz del contagio por coronavirus de una de sus integrantes, quien no ha completado su esquema de vacunación, ha levantado cuestionamientos respecto del actuar de los parlamentarios, ante lo que aparece como una conducta irresponsable, que hace valer privilegios que desde luego no aplican para el resto de la ciudadanía.

Es bienvenido que el Partido Socialista haya tomado distancia del actuar de su diputada, haciendo ver que si bien la vacunación en nuestro país es voluntaria, “existe una responsabilidad personal, que en el caso de las autoridades es, por cierto, mayor”. Aun cuando esta diputada sería la única que no cuenta con sus vacunas en la Cámara, y en su caso se exigía la presentación de un PCR semanal, el solo hecho de que exista una persona que pueda ingresar al Congreso sin su pase de movilidad genera una situación de mayor riesgo para todos quienes laboran allí, como ha quedado demostrado.

La mesa de la Cámara ha explicado que constitucionalmente no se puede impedir que un parlamentario concurra a votar presencialmente, aun si no está vacunado. Esto, que puede ser correcto desde un punto de vista legal, genera en la práctica una situación de desequilibrio, pues el resto de los funcionarios del Congreso deben contar con su pase de movilidad. A lo menos cabe preguntarse si un derecho puede ejercerse en forma plena, sin exigir como contrapartida el cumplimiento de ciertas obligaciones mínimas, como sería el no exponer a un mayor riesgo a quienes allí se desempeñan. A la luz de este caso no solo podría considerarse que como sano ejercicio de transparencia cada parlamentario informe si ha completado su esquema de vacunación, sino también cabría esperar que el Congreso examine los protocolos sanitarios que aplica, los que por regla general deberían atenerse a las mismas exigencias que se pide al resto de los chilenos.

En ese sentido, conforme las reglas del plan Paso a Paso en aquellas comunas que se encuentran en fase de Preparación -como es el caso de Valparaíso- el aforo máximo en espacios cerrados se puede ver reducido si hay una persona no vacunada. Más allá de la observancia de esta exigencia formal, es importante comprender que el cumplimiento de las normas sanitarias y el autocuidado -donde la vacunación constituye la mejor protección de que se dispone- cobran particular relevancia en el momento actual, cuando el número de contagios se ha elevado sustancialmente alrededor del mundo, también en Chile. Que una autoridad de la República pueda prescindir de la vacuna, aparentemente sin mayores costos para el ejercicio de su cargo, envía una señal muy equívoca a la población, pero además deviene en una clara inconsistencia respecto de las exigencias que se demandan para el resto de la ciudadanía, lo que evidentemente desprestigia la imagen del Congreso y despierta recelos por lo que aparece como situaciones de privilegio.

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