Partido Republicano en el mapa de la política

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Esta semana, José Antonio Kast y un grupo de sus seguidores inscribieron formalmente el Partido Republicano ante el Servicio Electoral, con lo cual se inicia formalmente el arduo proceso para que su actual agrupación pueda llegar a constituirse como partido político. Este paso ha despertado críticas en diversos sectores, ya sea porque ven en este movimiento la llegada de una suerte de "extrema derecha", conllevando el riesgo de una polarización en la sociedad, en tanto otros advierten que un movimiento como éste podría terminar disgregando a Chile Vamos -o bien forzando a que extreme sus postulados-, lo que finalmente dañaría el actual proyecto político que encarna la centroderecha.

La declaración de principios que ha presentado el futuro partido contiene, entre otras definiciones, la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la creencia en Dios -sin asociarse a un credo específico-, la promoción de la familia como núcleo fundamental de la sociedad, la defensa de la libertad y los cuerpos intermedios y la adscripción a la economía social de mercado como también a la democracia. Es difícil asimilar estas definiciones a lo que tradicionalmente se podría entender como "extrema derecha" -por lo general vinculada a nociones populistas y xenófobas-, pero sin duda se trata de una vertiente especialmente conservadora, que fácilmente podría entrar en tensión con las visiones más liberales que hay en la centroderecha.

Ahora que Republicano busca convertirse en partido será posible calibrar si tiene la suficiente fuerza para movilizar adherentes y acopiar un cierto tonelaje político. Con todo, el solo hecho que esta fuerza busque institucionalizarse es un paso que a la centroderecha le podría traer más beneficios que costos. Por de pronto, permite encuadrar el espectro político, forzando a que las distintas colectividades y movimientos del sector perfilen mejor sus definiciones, a fin de hacer más claras las diferencias entre unos y otros. El temor a que un nuevo partido con ideas más "duras" de derecha podría forzar el éxodo desde otras colectividades del sector es ciertamente real, pero en caso de ocurrir no necesariamente tiene la carga negativa que se le supone, pues a la larga sería visto como un sinceramiento de las militancias, lo que también es más transparente de cara a la ciudadanía.

Las tensiones que se han visto por estos días entre dirigentes de Chile Vamos con miembros del movimiento de Kast probablemente anticipan que la relación no será fluida, por lo menos al comienzo. Al gobierno le cabe un rol relevante en cuanto a no exacerbar esas diferencias y alimentar un espíritu constructivo -misma disposición que deberían mostrar el Partido Republicano, así como las colectividades del oficialismo-, porque si la centroderecha aspira a proyectarse, necesariamente deberá buscar entendimientos. Aún es incierto si acaso se podrá integrar a la coalición de gobierno, pero en la medida que sea un actor relevante, el oficialismo deberá abrirse a explorar pactos instrumentales para enfrentar las elecciones parlamentarias, así como de autoridades comunales y regionales.

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