Pensiones: nuestros adultos mayores



Por Soledad Alvear, abogada

Cuando hablamos de pensiones nos referimos al adulto mayor y su calidad de vida. Por eso, instalado el debate de pensiones, no podemos dejar de lado la realidad integral del adulto mayor. Muchas veces hemos señalado que debemos superar la cultura del descarte, de la que nos habla el Papa Francisco.

En materia de pensiones, debería existir una pensión garantizada equivalente al sueldo mínimo. A su vez, podrían limitarse las utilidades de las AFP. Los excedentes de utilidades podrían ir a un fondo solidario para mejorar las pensiones más bajas y, en caso de ser bien administradas, generar un incentivo adicional para las AFP.

Dado que las reformas no generarán todos los recursos que los adultos mayores requieren, deberían incorporarse otros mecanismos para aumentar sus ingresos, como el de la hipoteca inversa, partiendo de la base que cerca del 70% de los chilenos son propietarios de una vivienda.

Por otra parte, los adultos mayores podrían ser considerados como “carga” de los hijos mayores de edad. Esto implicaría una obligación de pensión alimenticia, o incluirlos en los planes de salud privada de los que sean parte los hijos. Si bien podría ser una obligación, también podría considerarse como un requisito para acceder a los derechos hereditarios.

Pero también es fundamental que la vida laboral de los jubilados haya generado ingresos propios que mejoren las expectativas en la vejez. A partir de los 55 años, las perspectivas laborales se estrechan, por lo que debieran existir incentivos tributarios para su contratación. A su vez, quienes quieran seguir activos laboralmente, después de jubilar, debieran contar con las facilidades para ello y seguir cotizando para mejorar su pensión.

Si a esto le sumamos facilidades económicas para acceder al transporte público y cobertura para medicamentos esenciales, se pueden reducir considerablemente los costos en que incurren las personas jubiladas.

Pero también existe una dimensión inmaterial que debe ser abordada:  la soledad en la que muchos adultos mayores viven. Esto es muy duro para las personas y muchas veces sufren el abandono o la indiferencia.

Así como existe la obligación de mantener régimen de visitas entre padres e hijos menores de edad, debiera existir una obligación similar entre los hijos mayores de edad y los padres adultos mayores, sobre todo cuando tienen problemas de autovalencia. Del mismo modo, el acceso a la relación entre abuelos y nietos no debiera estar mediada por la relación entre los padres de los menores, si no que debiera ser un derecho de los abuelos sin necesidad de mediación.

Por último, la violencia que muchos adultos mayores sufren por parte de sus guardadores, aun no siendo familiares, debiera tener una tipificación especial en la ley de violencia intrafamiliar.

Estas propuestas ayudan a colocar en el centro del debate, justamente cuando estamos discutiendo de pensiones, a la persona del adulto mayor. ¿Seremos capaces?

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