¿Por qué no hay ánimo de primarias?

Urnas semi vacías durante las elecciones primarias de alcalde



Por Paula Walker, profesora Escuela de Periodismo Usach

Para tener primarias, en todos los bloques y pactos, desde la izquierda a la derecha, a lo menos se necesitan tres componentes: tener juicio de realidad, confiar en la colaboración y conocer la realidad de los territorios. Adicionalmente, se requiere creer en la renovación de personas que encarnan ideas y principios que representan a un mundo nuevo que aparece tras la pandemia y que cuesta comprender la dimensión del cambio.

¿Por qué no hay ánimo de hacer primarias? Porque se requiere de una condición previa, que es tener voluntad explícita de renovar los liderazgos. Dejar cargos (y los privilegios en torno a ellos) para que nuevos líderes, hombres y mujeres, desplieguen su vocación de servicio. Tras tres, cuatro o incluso seis períodos de una persona en un mismo municipio, se ha construido en torno a ese espacio una lógica de funcionamiento que genera trabajos, beneficios, incluso derechos familiares de sucesión. Más beneficios si se apoya al alcalde o alcaldesa de manera explícita, menos beneficios si esas juntas de vecinos o dirigentes/as son críticos con la autoridad comunal. La transparencia activa se marchita cuando los cargos se hacen vitalicios. La legitimidad del poder consiste en hacerlo transparente, competitivo, abierto, diverso, colaborativo. Se defienden ideas, no escritorios, ni cargos, ni espacios territoriales como si les pertenecieran.

Las y los dirigentes de los partidos políticos deben tener juicio de realidad y comprender que su rol es indispensable en una democracia. Dicho lo anterior, los hechos que la opinión pública conoce en torno a problemas de probidad, tráfico de influencias y otras sospechas de corrupción y privilegios abonan el malestar y son los mismos dirigentes los llamados a mejorar sus prácticas para recuperar la confianza. La política trabaja para empujar ideas, valores, bienes públicos para todos y todas, y no solo para los militantes. Dicho sea de paso, solo milita algo más del 4% de la ciudadanía. Algunos llevan dirigiendo sus partidos por décadas, pasan de estar en el Ejecutivo, luego al Legislativo, después nuevamente al partido y así por años. No apoyan el surgimiento de nuevos liderazgos, proponen a pocas mujeres, prácticamente no hay personas jóvenes. La foto de hace 30 años es la misma foto de hoy, de ambos lados. ¿Y los partidos nuevos? Algunos caen en la tentación de condenar todo lo anterior a ellos mismos, discriminar a las personas por la edad o por la filiación política de su pasado, y creen que el resto ha estado equivocado hasta que llegaron ellos.

Colaborar entre quienes comparten valores y visiones sobre el presente, escuchando, visitando y conociendo las necesidades, las esperanzas y las rabias de las personas en el terreno, son condiciones elementales para enfrentar elecciones. Es la ciudadanía quien elige, porque esta vez se trata de las personas, y no de las cúpulas partidarias.

La unión, tras proyectos superiores a los personalismos, es un motor que ha demostrado ser poderoso.

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