Prevención social en tiempos de pandemia

pasta base, drogadicción



Por Raúl Perry, director social de Fundación San Carlos de Maipo

Me imagino que muchos, al igual que yo, han experimentado una montaña rusa de emociones durante esta cuarentena: a veces positivas e intensas, otras veces apáticas, otras veces desalentadoras. Cambiamos lo que sentimos e incluso lo que pensamos con el avance de la enfermedad, las noticias del mundo o las de nuestro país. El horizonte se ha vuelto más cercano, es difícil pensar en lo que ocurrirá cuando volvamos a la “normalidad”. Pensamos más bien en el día a día, cómo abordarlo desde las necesidades más básicas, desde la convivencia forzada o desde la salud y su continua evolución. Nuestro mundo interno se ha vuelto más cambiante e incierto dentro de la monotonía y certeza del interior de nuestras viviendas.

Es en este contexto que queremos recordar que el 26 de junio se conmemora el día internacional de la lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas. La Fundación San Carlos de Maipo se ha especializado, para aportar a este importante desafío, en la prevención del consumo, y de otras problemáticas tales como la violencia, la delincuencia o la deserción escolar. Y es por ello que nos surge la pregunta: ¿Cómo compatibilizar la preocupación por la prevención de problemas como el consumo en un momento en el que solo las necesidades más básicas e inmediatas están insatisfechas? ¿Es momento de pensar en el futuro o solo en el presente?

Entender cómo se hace prevención nos permite responder estas preguntas. No prevenimos el consumo cuando le decimos a los jóvenes “di no a las drogas”. La prevención se aborda desde un punto de vista sistémico, en los diferentes entornos de los niños y niñas, como la escuela, la familia o la comunidad. En estos espacios, debemos poner atención a los factores de riesgo y protección que explican conductas como el consumo. Por ejemplo, un factor de riesgo es la actitud favorable de padres, madres y cuidadores con respecto al consumo de alcohol o drogas. Si nos enfocamos en cambiar esta percepción, haremos más por evitar el consumo de nuestros niños, niñas y adolescentes (NNA) que lo que logramos cuando tratamos de convencerlos a ellos de los riesgos de las drogas. Otro factor de riesgo, en el ámbito familiar, es el establecimiento inconsistente de normas y los castigos desproporcionados. Si aprendemos a ser consistentes con la disciplina para nuestros hijos, cuidamos el vínculo con ellos, y así aseguramos que recurra a nosotros cuando enfrente los problemas que acarrea el consumo.

Un enfoque sistémico sobre factores de riesgo y protectores nos muestra que no solo previene el consumo de drogas futuro, también es clave en el desarrollo de las relaciones presentes con nuestros NNA, en su salud mental durante la pandemia y en la construcción de un futuro para ellos, cualquiera sea ese futuro. Combatir la pandemia y poder reaccionar adecuadamente, sin que flagelos como el crimen, las drogas o la violencia destruyan el futuro de los NNA, depende de que seamos preventivos hoy. Estoy seguro que por el bienestar de nuestros hijos e hijas seremos capaces de levantar la vista y mirar al futuro porque, además, así construiremos un presente más esperanzador y resiliente para todos y todas.

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