¿Primera necesidad o épica de la sobrevivencia?

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Hace algunos días, el gobierno alemán decidió incluir a la cultura en los bienes de primera necesidad, para permitir a esa industria acceder a la línea de liquidez prevista por la administración de Angela Merkel para enfrentar los impactos del coronavirus. Esta decisión pone de manifiesto el aprecio que este sector genera en Alemania, y sigue la línea de valoración de Friedrich Nietzsche, quien una vez definió a esta sociedad “a partir del ser cultural”.

En Chile, el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio anunció una reasignación de 15 mil millones de pesos de ayuda al sector con condiciones por precisar. Una medida -que sin conocerse aún sus detalles- abre la oportunidad de generar una conversación valiente y de largo plazo, directa, respecto del aporte del sector cultural al país y la necesidad de avanzar hacia un marco legal que asegure de manera permanente una mínima estabilidad para compañías y artistas y, en momentos de crisis como éste, su sobrevivencia. ¿Por qué es tan diferente a otros sectores? Porque las propuestas de valor artístico requieren de procesos creativos que conllevan necesariamente intermitencia, y su génesis y objetivo raramente se gatillan por afanes comerciales.

El gasto en cultura de la sociedad chilena es bajo en términos comparativos. Pero esta brecha numérica esconde un abismo mayor en la valoración que la sociedad de nuestro país hace en su conjunto del aporte creativo y cultural al tejido social, la educación y la innovación.

El sector artístico chileno (que incluye a cantantes, compositores, bailarines, actores, entre otros) es uno de los más desprotegidos en nuestro marco regulatorio. Podríamos resumirlo diciendo que ha vivido de epopeya en epopeya, y hoy, en el marco de la crisis sanitaria del coronavirus, esa épica parece ser la de la sobrevivencia. Cientos de compañías han quedado sin posibilidades de funcionar estos meses y, peor aún, muchos artistas en la indefensión más absoluta: sin salud, sin sueldo, sin público, sin salas, sin absolutamente nada.

El patrimonio de los artistas chilenos parece ser la pasión, el compromiso y las ideas y también la lucha por subsistir. Artistas que son tan chilenos como cualquier emprendedor, ingeniero, abogado o arquitecto y que merecen que la sociedad les dé el espacio para crear y crecer como cualquier Pyme, como cualquier trabajador. Debemos ser capaces de ofrecer las condiciones para garantizar procesos creativos que desarrollen el próximo libro, la próxima ópera, el próximo ballet o el próximo concierto. Se hace necesario dialogar y dimensionar el verdadero alcance de este tema, así como las ideas del país que queremos. Porque son estas actividades las que finalmente le dan al ser humano la contención y la reflexión que en mejores o peores épocas, siempre necesita. Porque, ¿han pensado cómo sería esta cuarentena sin la cultura?

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