Prueba Simce y nulo avance en lectura



Si bien una de las noticias que más atención concitó durante los últimos días fue el cambio de ministro de Educación -hecho que indudablemente ha generado diversas reacciones en el campo político-, lo cierto es que la semana pasada ocurrió otro acontecimiento importante que debiera marcar la agenda del gobierno: la Agencia de la Calidad dio a conocer los resultados de la Prueba Nacional de Lectura 2017. En esta oportunidad, esta fue aplicada en forma muestral -y no censal- a alumnos de 2º básico de 260 establecimientos educacionales del país. Lamentablemente, el promedio de la evaluación no muestra una variación significativa respecto de las mediciones anteriores, lo que habla de un estancamiento preocupante. Asimismo, se encuentra que en esta etapa ya se produce una fuerte brecha entre los promedios de niños de nivel socioeconómico bajo y alto, la que alcanzó los 53 puntos.

Junto con la entrega de los puntajes, se identificaron algunos de los elementos que ayudarían a lograr un mejor aprendizaje de la lectura, entre los cuales destacan la dedicación y expectativas de los padres respecto de la enseñanza de sus hijos, así como también la asistencia a una educación parvularia de calidad. La evidencia indica que la experiencia de los niños en su primera infancia tiene el potencial de influir sobre su motivación y preparación para la etapa escolar, pudiendo afectar irreversiblemente su trayectoria futura. De igual forma, tal como la educación parvularia es capaz de influir sobre el desarrollo de las habilidades lectoras de los niños en 2º básico, estas últimas constituyen a su vez un insumo fundamental para sus aprendizajes posteriores durante la vida escolar. Lamentablemente, los niños que no logran leer correctamente pueden verse limitados en sus aprendizajes más adelante.

Todo esto nos habla sobre la importancia de diseñar estrategias que permitan abordar oportunamente las falencias que se producen en los aprendizajes de los niños y revertir oportunamente su retraso. Para ello, sin embargo, se requiere detectar en forma temprana y precisa dónde están las mayores carencias, y dirigir hacia allá los esfuerzos del Estado. Paradojalmente, el potencial de la Prueba Nacional de Lectura es insuficiente en ese sentido, pues el año 2015 el gobierno tomó la decisión de dejar de aplicarla en forma censal, es decir, a todos los niños de 2º básico. Y en cambio, decidió comenzar a tomarla solo a una muestra de colegios, impidiendo detectar con precisión dónde está la población que más apoyo requiere: en 2017 apenas se cubrió al 3% del total de escuelas y niños de este nivel.

Es de esperar que la ministra que acaba de asumir en la cartera de Educación esté consciente de este tipo de desafíos, que aunque no suelen destacar en la agenda política, debieran ser la verdadera prioridad para el país. La tarea es encontrar los mecanismos que permitan llegar a quienes comienzan a quedarse rezagados más tempranamente, atacando las brechas que comienzan a manifestarse prematuramente en la vida escolar y focalizando los esfuerzos del Estado en lo más urgente.

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