Reglas claras conservan la amistad



Por María José Hoffmann, diputada UDI

En dos semanas más, nuestro país vivirá un acto electoral importante. Quienes estamos por rescatar los avances de los últimos 30 años y por hacernos cargo de las demandas y dolores reales de la ciudadanía, no tenemos ninguna duda en votar por la opción “Rechazo”. Porque votar “Rechazo” es transmitir que estamos orgullosos de ser un país distinto, y que con todas sus falencias y urgencias sociales hemos pasado de tener un 45% de pobreza a un 8%, siendo la actual Constitución un factor importante en ese logro.

Pero como todos sabemos, en política ninguna carrera se da por ganada antes de tiempo, y por ello es que desde hace meses, anticipándonos a cualquier resultado, iniciamos un proceso de búsqueda de futuros convencionales constituyentes en la eventualidad de que no triunfe el “Rechazo”. ¿El problema? Cualquier ciudadano que quiera aspirar a ser constituyente, independiente de su posición política, hoy no tiene claro un requisito mínimo y elemental de cualquier proceso electoral: conocer las reales reglas del juego, ya que estas cambian o son reinterpretadas constantemente, incluso antes de saber qué opción se terminará imponiendo.

Y un ejemplo es si el texto final emanado por la convención se aprobará también por quórum de dos tercios, tal como se acordó en la madrugada del 15 de noviembre. El sentido común dice que sí, especialmente si es que lo que se pretende es tener un texto realmente consensuado por amplias mayorías y que sea coherente. Así también lo han reafirmado distintos constitucionalistas, porque es lo lógico: no podríamos concebir una nueva Carta Fundamental que no nazca de un acuerdo amplio que asegure reglas fundamentales de todos y para todos, y que afiance principios básicos sobre los cuales se ha desarrollado y avanzado nuestro país, como la libertad, el respeto de la persona humana, el derecho de propiedad o la autonomía de instituciones técnicas que han cumplido un rol esencial durante estos 30 años, como el Banco Central.

En política, muchas veces cuesta abrirse a escuchar e incluso coincidir con los argumentos de quienes legítimamente piensan distinto. Pero otra cosa es que haya personas que se sientan “dueños” del acuerdo del 15 de noviembre y consideren legítimo alterarlo sólo en aquellos temas que consideran de su conveniencia, descartando a priori otros que simplemente no les acomodan. Así fue como se introdujo la paridad de género, aun cuando dicha propuesta no se acordó esa madrugada. En este sentido, y especialmente teniendo en cuenta los nuevos focos de violencia que se están viviendo en distintas regiones del país, cabe recordar que la oposición también se comprometió a un “Acuerdo por la Paz”. ¿Y se ha condenado dicha violencia? ¿Se ha aprobado la legislación necesaria para asegurar la paz social y la seguridad? ¿Se ha cumplido realmente con esa parte del acuerdo? Lamentablemente, pareciera que no entienden que esa violencia lo que hace es justamente amenazar la legitimidad de este proceso.

En momentos de polarización como los que vivimos, es necesario que la política, bien entendida, garantice que lo acordado se cumpla y que lo prometido sea realidad. En ese sentido, al menos asegurando que las reglas del juego sean transparentes y claras. Pero a dos semanas del plebiscito, esto no está siendo cumplido por quienes se consideran falsamente propietarios del acuerdo.

Empecemos a respetar las reglas. Hay que salir de la trinchera, dejar de ver al otro como enemigo y avanzar. La opción que gane en el plebiscito lo único que tiene que entender es que si seguimos en esta dinámica confrontacional y en este clima de enfrentamiento, ningún dialogo y acuerdo serán posibles, postergando una vez más las verdaderas demandas y dolores sociales que nos llevaron a este proceso. Para que esa moderación permita el diálogo, es porque estamos por el Rechazo.

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