Retorno a clases



SEÑOR DIRECTOR

Hay plena consciencia en las instituciones de educación superior del imperativo a un pronto retorno de las clases presenciales. Razones sobran. Desde luego, porque el atraso en actividades prácticas que requieren de la presencia física de los estudiantes alarga su proceso formativo; porque hay un problema serio de salud mental de jóvenes que llevan año y medio con limitaciones para salir de sus hogares y la experiencia de vida universitaria es un refrescante paliativo, y porque el descenso de los contagios y la alta tasa de vacunados reducen los riesgos de enfermedad. El debate es si las instituciones deben exigir el pase de movilidad para garantizar la protección de salud de toda la comunidad universitaria.

Hay relativo consenso en que el acceso a espacios comunes, donde hay mayor interacción física, como bibliotecas, casinos, gimnasios, debiera condicionarse a contar con ese certificado. Sin embargo, es más complicada la situación en el caso del ingreso a la sala de clases, si ello limita el derecho a educarse. ¿Se le debiera negar el acceso a quien no se ha vacunado y la clase solo se dicta en forma presencial? Complejo dilema. Sin embargo, la modalidad de las llamadas salas híbridas contribuye a resolver esta dificultad. En este caso, el estudiante puede optar por asistir a clases presenciales, con rotaciones para cumplir con los aforos, o quedarse en casa y acceder a la educación en forma remota. Nuestra universidad ha escogida esta opción, transformando todas sus salas de clases a este formato híbrido. Todo hace pensar que esta modalidad flexible, presencial y a distancia simultáneamente, será la educación superior del futuro; tiene costos de inversión y capacitación docente, pero representa una gran ventaja para los estudiantes.

Carlos Williamson

Rector Universidad San Sebastián

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