El retorno de la memoria

Mauricio Rojas al momento de asumir.



Bajo el presidencialismo, una de las pocas herramientas que tienen los gobiernos para rearmarse son los cambios de gabinete. Del más reciente se puede decir que ha sido uno de los más fallidos que se recuerde: su efecto se disipó casi al mismo momento de realizarse. El problema era de expectativas económicas insatisfechas pero los cambios afectaron a dos ministerios no concernidos (educación y cultura). Todo parecía reducirse a los chascarros del ministro de Educación saliente.

Si hasta allí el guion del cambio de gabinete era solo desprolijo, sobrevino lo inesperado: el nombramiento de Mauricio Rojas en el Ministerio de las Culturas (¿de qué inseguridad básica vendrá esta fascinación de la derecha por los conversos y tránsfugas?). Ello reabrió el tema de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura quedando en evidencia que su condena sin contexto sigue siendo una asignatura pendiente para buena parte de la derecha. Y que el "huevo de la serpiente" de no haber resuelto con claridad y contundencia durante la transición la demanda de justicia, de tratos carcelarios especiales para los victimarios, de mezquinas reparaciones a las víctimas, y de naturalizar un cierto "pinochetismo cultural" para referirse a estos temas (en la TV, por ejemplo), había significado que el pasado no pasara y que al menor estímulo retornara con una poderosa energía.

Ahora el Presidente ha anunciado la creación de un "Museo de la democracia". Polémica iniciativa porque sobre los derechos humanos y su respeto se puede exigir racionalmente un acuerdo de todos (son "mínimos éticos", diría la filósofa A. Cortina), pero la historia de nuestra democracia equivale a la historia de nuestra vida política. Si el respeto a los derechos humanos no debiera ser moralmente controvertible, nuestra historia política es inconmensurable en su comprensión e interpretación y, por lo tanto, un lugar legítimo de desacuerdo. Una de las ideas de este singular museo sería destacar, por ejemplo, la transición y el período post 90, pero allí habría que explicar que la democracia a la que se arribó incluía grandes anomalías como que el dictador siguiera siendo el comandante en jefe del Ejército o la existencia de instituciones contramayoritarias como los senadores designados o el Consejo de Seguridad Nacional. ¿Sería la historia de la democracia semisoberana (Hunneus) y de la Constitución "tramposa" (Atria)? ¿Qué historia se contaría?

Lo ocurrido deja como balance positivo la persistencia obstinada de una memoria que en circunstancias de negacionismo ("el montaje") es capaz de reaccionar. Lo negativo es lo lejos que estamos como sociedad de una visión ética compartida sobre el tema. Todo ello no hace sino recordar que la memoria es siempre un espacio en disputa y que como diría Benjamin las víctimas nunca están completamente a salvo de volver a ser aniquiladas.

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