Seguro Nacional de Salud: antídoto, no parche

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La semana pasada nos enteramos, a través de una entrevista al ministro Mañalich en La Tercera, que el Gobierno presentará en los próximos días el proyecto de modernización de Fonasa, que incluirá un "Plan de Salud Universal", subrayando -eso sí- que cubrirá solo a usuarios de dicho programa.

La propuesta viene a ser el contrapeso a la realizada por gremios de la salud, colegios profesionales, agrupaciones de usuarios, pacientes y cuidadores, quienes en conjunto proponen un Seguro Nacional de Salud, que busca terminar con la segmentación y desigualdad en nuestro sistema.

Las manifestaciones que hemos visto desde el 18 de octubre han dejado en claro que la ciudadanía espera cambios profundos al sistema y que no se conformará con analgésicos. En cuanto al sistema de salud, la mayoría coincide en que como país tenemos la necesidad de una reforma estructural, que acabe con la lógica de salud para ricos y salud para pobres, que mejore la red pública de salud y que entregue una atención digna a las personas.

La pregunta entonces es qué proyecto -si el del Gobierno o el nacido desde los gremios- apunta en esa dirección: una reforma estructural. Estoy convencido que el "Plan de Salud Universal" del ministro Mañalich no va en esa dirección, por dos principales motivos: no toca el negocio de las Isapre, manteniendo un sistema de salud dividido entre ricos y pobres; y abre la puerta a una mayor privatización.

En contraste con esto, el Seguro Nacional de Salud conlleva que las Isapre cambien completamente su rol, transformándose en seguros complementarios, como ocurre en diversos sistemas de salud de la OCDE, y por otro lado, privilegia el fortalecimiento de la red pública de atención - donde se atiende casi el 80% de la población.

El Seguro Nacional de Salud busca organizar el sistema, de tal forma que las necesidades en salud de toda la población del país son enfrentadas de manera solidaria, no solo entre las distintas generaciones, sino también entre sanos y enfermos y entre hombres y mujeres. Con este seguro, el acceso no depende de la capacidad monetaria de contribuir al sistema.

Desde Revolución Democrática sabemos que las personas no pueden – ni quieren - seguir esperando. En ese marco, es imperioso dar señales y respuestas concretas a las demandas de la población, y no quedarnos con parches que cuidan el negocio de unos pocos, por sobre el bienestar de la inmensa mayoría.

Chile despertó, y en este nuevo país un Gobierno con menos de un 10% de aprobación  no puede presentar un proyecto de estas características sin haberlo socializado con los gremios, con los colegios profesionales y las agrupaciones de usuarios. Para avanzar en materia de salud, es fundamental avanzar con sus protagonistas, no en contra de ellos.

El Seguro Nacional de Salud, a diferencia del proyecto del Gobierno, es un antídoto para romper de una vez por todas la segmentación de nuestro sistema y la desigualdad en un tema tan sensible como lo es el acceso digno a la salud. Tenemos una oportunidad histórica para cambiar el rumbo hacia un sistema de salud que nos una como país, y sería no solo irresponsable, sino también cruel, no aprovecharla.

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