Semana perfecta

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Fue una verdadera "coronación", el resumen ejecutivo que explica por qué el actual gobierno concluye su gestión con una derrota electoral estrepitosa y la centroizquierda en el suelo. En efecto, la puesta en escena de estos días fue la síntesis perfecta del deterioro oficialista, el combinado nacional entre error de cálculo, carencia de diseño político y capricho químicamente puro, es decir, las constantes de una administración que estuvo hasta el último momento ensimismada en sus delirios refundacionales.

En su hora final, Michelle Bachelet decidió saldar cuentas con uno de sus principales compromisos de campaña, enviando al Congreso un proyecto de nueva constitución redactado literalmente en la "clandestinidad", al margen de los partidos oficialistas y sin una estrategia para su tramitación. Así, la viabilidad política y legislativa parecen no haber sido un aspecto a considerar; al contrario, lo que se privilegió fue el total "ninguneo" a la coalición de gobierno, la voluntad de excluir a sus dirigentes y parlamentarios, con el objeto de convertirlos en futuros rehenes de una iniciativa en la que no tuvieron arte ni parte.

O quizás, el objetivo era simplemente cumplir, enviar la propuesta constitucional sin ninguna consideración sobre su posible destino. O por alguna razón inconsciente aprovechar el momento para ahondar la debilidad de su propia coalición, porque de otra manera no se explica un esfuerzo tan consistentemente destinado a dejar un proyecto de nueva Carta Magna herido de muerte, sacrificado en el mismo acto de su nacimiento. Cuando lo que se requería era construir una base de respaldo lo más amplia posible, que lo mantuviera con vida en el próximo período, la Mandataria decidió hacer exactamente lo contrario.

En paralelo, el gobierno optó por nombrar notario al ex fiscal encargado de las primeras indagatorias del caso Caval; proceso donde el actual persecutor se encuentra ad portas de formalizar al hijo de la Mandataria, algo que el beneficiado con dicho nombramiento se negó a realizar. Se reforzó así el precedente instalado cuando la ex fiscal a cargo de indagar los alcances penales del 27F –Solange Huerta- terminó siendo designada directora de Sename por la propia Bachelet. Al final del día, las razones entregadas por el ministro Campos para justificar su cambio de opinión a última hora, solo agravaron las sospechas de un beneficio espurio otorgado al ahora ex fiscal.

Y justo antes de la partida, Michelle Bachelet decide reinstalar en el contexto del traspaso de mando la incertidumbre sobre el cierre del penal Punta Peuco. En una materia extremadamente sensible para diversos sectores, optó por el papel de la adolescente indecisa, jugando con las expectativas de unos y el dolor de otros hasta el último minuto. Un acto en el límite de la indolencia, que expuso de manera muy elocuente la forma como durante este período se han tomado muchas decisiones relevantes.

En resumen, una semana ejemplar, que ha contribuido como pocas a esclarecer por qué el "legado", no de este, sino de los dos gobiernos de Michelle Bachelet fue exactamente el mismo: la derrota y la entrega del poder a la derecha.

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