Separación de aguas en la derecha política

Si bien la decisión de Chile Vamos y Republicanos en competir presidencial y parlamentariamente encierra riesgos para el sector, también permite un mejor perfilamiento ante el electorado, y revelará qué fuerza muestra mayor potencial de crecimiento.



Aun cuando restan algunos días para que expire el plazo fijado por ley para la inscripción de las candidaturas presidenciales y parlamentarias, el escenario en la derecha política se encuentra ya completamente decantado, siendo un hecho que habrá dos abanderados presidenciales -Sebastián Sichel, por Chile Vamos, y José Antonio Kast, por Republicanos-, así como listas paralelas en materia parlamentaria.

Esta configuración electoral ya entrega luces sobre cómo irá perfilándose el escenario político, en que al menos por el lado de la derecha se han separado aguas entre aquellos sectores más “ortodoxos” o de derecha “dura”, respecto de quienes se identifican con un proyecto que busca expandirse hacia los sectores más de centro.

Hay un riesgo para el sector de que al tener dos proyectos compitiendo, los votos puedan terminar dispersándose, sobre todo en materia parlamentaria -un factor que se ve potenciado por lo debilitado que llega el oficialismo, tras sucesivas derrotas electorales en convencionales, alcaldes y gobernadores-, pero también hay una oportunidad para que genuinamente ambos proyectos políticos midan sus fuerzas y perfilen mejor sus propias propuestas frente al electorado. Parece un hecho que al interior de la derecha han surgido visiones distintas tanto en la forma como entender el rol del Estado, el modelo económico, la agenda valórica y la mirada respecto a lo que fue la obra del gobierno militar, por lo que será posible apreciar cuál de las dos derechas muestra mayor potencial de crecimiento y sintonía con su electorado natural.

La candidatura de Kast ve una oportunidad de poder congregar al electorado desilusionado del actual gobierno y que anhela una derecha mucho más comprometida con los idearios clásicos del sector, sin actitudes entreguistas. Para Sichel, por su parte -quien manifestó expresamente la inconveniencia de hacer pacto con Republicanos-, también hay una oportunidad de diferenciación, pues al haber un proyecto más de derecha en competencia le evitará tener que hacerse cargo de aquellos planteamientos más extremos que podrían alejar al votante de centro.

La forma en que esta vez Chile Vamos ha resuelto sus distintas candidaturas ha sido mucho más unitaria, marcando un claro contraste con la experiencia de otros procesos electorales, en que lo característico fueron las pugnas y recriminaciones mutuas. El hecho de que Sichel haya sido el claro triunfador de la primaria del sector parece haber facilitado el alineamiento de los partidos, sin que se cuestionara su petición de no pactar con Republicanos. Asimismo, el hecho de que varios rostros nuevos hayan decidido incorporarse al comando de Chile Vamos sugiere que este proyecto político ha logrado despertar mayor entusiasmo.

Estas señales más favorables no deben hacer perder de vista que Chile Vamos enfrenta complejos desafíos. Por de pronto, el liderazgo de Sichel se pondrá a prueba con el cuarto retiro de las AFP, pues ha pedido a los parlamentarios de la coalición que no den sus votos para ello. Los propios partidos de la coalición deben examinar sus estrategias e interrogarse de por qué han perdido tanta conexión con el electorado, lo que ha golpeado sobre todo a RN y la UDI. Evópoli, por su parte, que vino a representar la renovación dentro de la centroderecha, obtuvo una muy baja votación en la primaria, por lo que deberá examinar su propio perfilamiento.

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