Ser, parecer y transparentar



Por Paula Walker, profesora Escuela de Periodismo Usach

El malestar con la clase política no es algo nuevo, pero ha sido, es y seguirá siendo persistente si las instituciones y los involucrados no hacen nada para enfrentarlo. La molestia está relacionada con los privilegios de unos pocos, mientras el resto debe cumplir con leyes muy estrictas, aunque éstas no lo sean para quienes ejercen el poder.

Usemos de ejemplo el Código Sanitario en pandemia, que data de 1931 como decreto ley, y desde 1967 como código. Su autoridad es omnipresente según la ley: “rige todas las cuestiones relacionadas con el fomento, protección y recuperación de la salud de los habitantes de la República”. El incumplimiento de lo que se dispone por parte de personas o instituciones (públicas o privadas) es fieramente perseguido, involucrando a los tribunales, al Consejo de Defensa del Estado y al Ministerio Público, pues se pone en riesgo la salud pública.

La autoridad sanitaria hace controles y se activa con las denuncias: hemos visto que se denuncia al micrero y al señor del supermercado pues se niegan a usar mascarilla; a los que organizan bares y fiestas clandestinas; a los que se van a la playa o al alto funcionario público que es atendido en un local de mariscos en plena cuarentena. Se trata de una persona experta en la ley, que sabe la importancia de dar el ejemplo desde la organización a la que representa y, sin embargo, desafía la igualdad ante las normas y confía en el anonimato de un local pequeñito que le permite estar sentado en la mesa, sin mascarilla, con sus amigos.

Carabineros ha informado que las detenciones para quienes incumplen la ley son cientos de miles en Chile, y los han calificado de “porfiados” (los que llevan más de una detención) y de “incorregibles” si son más de ocho detenciones. ¿Será que algunas personas que ejercen el poder político desde instituciones tan importantes como el Senado, la Cámara de Diputados, partidos políticos, alcaldías o altos funcionarios públicos tienen algo de “incorregibles” al creer que la ley es para el resto pero no para ellos? Como el dicho popular: manga ancha para algunos y manga angosta para el resto.

Para acercar la confianza entre unos y otros, no basta con cuñas pegajosas, sino con la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace: ser respetuoso de la ley, parecer respetuoso de la ley y propiciar la transparencia que verifique que se actúa con el mismo estándar que se le pide al resto. Se aplica todo el rigor del código sanitario a quienes salen a trabajar a diario para alimentar a sus familias, pero ¿se usa el mismo criterio para los que teniendo los medios para hacer cuarentena, se las saltan?

No existen fórmulas mágicas para enfrentar el malestar contra la política, pero está claro que los privilegios y derechos especiales para ese grupo son como bencina para el resto, más aún en este contexto. La política debe ser un espacio para servir, y por ende se espera que sean, parezcan y propicien la transparencia para una fiscalización periódica por parte de la opinión pública y de las autoridades competentes.

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