Sí, hoy hay mucho en juego



Por Alejandra Sepúlveda, directora ejecutiva ComunidadMujer

En menos de una semana, el gobierno tuvo que bajar de sus redes dos videos de campañas vinculadas con temas de género. El primero, “La casa de Lala”, patrocinado por la Subsecretaría de la Niñez, versaba sobre el “papá” y el teletrabajo. Pero la historia tenía una enorme carga de estereotipos que están a la base de la discriminación hacia las mujeres. También naturalizaba el comportamiento agresivo del papá, que descargaba su ira contra una caja con sus elementos de trabajo, mientras su esposa e hijos lo observaban comprensivos. Inentendible.

El segundo video irrumpió este lunes en las redes del Ministerio y del Servicio de la Mujer y la Equidad de Género. La campaña #CuentasConmigo mostraba a un abuelo, con pasado de agresor, que escribía una carta a su nieta maltratada por su pololo, donde hacía su propio mea culpa. El video no tenía un mensaje claro a la víctima del tipo “no toleres más violencia, denuncia o busca ayuda”, tampoco para el agresor, diciendo “la violencia es un delito”. Un despropósito mayúsculo, más en estos momentos, cuando muchas mujeres están encerradas con sus agresores por la cuarentena y lo que urge son políticas públicas claras de información y protección hacia las víctimas. 

Estos episodios reflejan un problema de fondo: sin un marco teórico común sobre la violencia de género -pese a los ríos de tinta escritos al respecto-, esta se seguirá reproduciendo y el Estado no podrá dar una respuesta eficaz a una de las más complejas lacras de nuestra sociedad.

Preocupa, también, la tremenda falta de perspectiva de género en la estrategia y medidas de las autoridades para abordar esta crisis. Y no es porque las organizaciones de mujeres no lo hayamos planteado, siempre con actitud dialogante y propositiva. Un botón de muestra: dentro de las cajas que hoy distribuye el Estado a las familias no hay un kit de higiene para las mujeres, protocolo más que conocido a nivel mundial en catástrofes.

Si hoy la voluntad es llegar a un acuerdo nacional para salir de esta emergencia, no podemos hacerlo aplicando las fórmulas de siempre. Urge reparar las desigualdades estructurales y eso pasa por entender que cada decisión o medida que tomamos afecta de manera diferente a hombres y mujeres: ellas son las principales afectadas por esta pandemia, más cuando la pobreza y la vulnerabilidad arrecian. Y sabemos que cada peso que el Estado gasta en una mujer es uno que ella invierte en el bienestar de sus familias, tal como lo ha comprobado ampliamente en sus investigaciones de impacto la economista Premio Nobel Esther Duflo.

Las mujeres son claves en la recuperación económica y es hora de reconocerlo. El Presidente podría partir, como le sugerimos en reunión el 22 de abril pasado, declarando públicamente el compromiso del gobierno con un manejo de crisis con perspectiva de género. Sí, hoy hay mucho en juego. No podemos permitir retrocesos en lo que tanto nos ha costado avanzar.

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