El silencio de los "inocentes"

La multitudinaria marcha del viernes 25 de octubre vista desde el aire.

La multitudinaria marcha del viernes 25 de octubre vista desde el aire. Foto: Patricio Fuentes


Como ya vienen señalando la mayoría –si no todos- los analistas, así como las autoridades y las personas que en alguna medida sufren lo que entienden como una condición social de desamparo, la crisis ha tocado un fondo grave y tal vez irreparable, porque el Estado ha comprometido enormes recursos fiscales para atender las necesidades sociales sin el éxito que se esperaba, Al mismo tiempo, el Banco Central ha enviado mensajes preocupantes al mundo político al constatar el riesgo evidente que sufre la economía y la dificultad para establecer políticas públicas estables en una situación de crisis. Nuestra sociedad experimenta divisiones en las que la frustración de aquellos con menores recursos no se ha aliviado a pesar de las medidas tomadas. Persiste la indignación, el desenfreno de grupos violentistas y el destino dudoso de nuestra democracia. Sorprende la extraña aquiescencia de quienes fomentan las protestas, siempre en su inicio pacíficas, a sabiendas que su destino será la destrucción de bienes y la afectación de personas modestas, por quienes, se supone, han salido a las calles a buscar mejores condiciones de vida. Algo importante falta para alcanzar la paz social.

En este contexto, llama profundamente la atención que el empresariado se haya mantenido en silencio, a pesar de que el presidente de la CPC ha señalado que hay que esforzarse "hasta que duela", y que la ex directora de la Bolsa de Santiago, Jeannette von Wolffersdorff haya propuesto un sistema de donaciones de acciones para constituir un fondo que reparta sus dividendos para paliar necesidades urgentes de los más desposeídos. Ambas voces no han tenido respuesta pública. Por el contrario, los temas que rondan entre muchos empresarios son el temor a la pérdida de la propiedad, el desempleo que los afecta, la incontrolable alza del dólar, las inversiones donde refugiarse, la paralización de proyectos, entre otras, como reflejo de la incertidumbre. Cuando se menciona a los empresarios es para recordar su aprovechamiento del sistema, realzando las enormes utilidades obtenidas en ciertos negocios en que está comprometida la salud, las pensiones, la educación. Solo se recuerdan las infracciones a las leyes en que han incurrido.

No se destaca su aporte para paliar la crisis, simplemente porque no ha existido ninguno. A más de un mes del estallido los empresarios han perdido una valiosa oportunidad de aportar sus ideas y también recursos con fórmulas inteligentes. Lamentablemente, se percibe indiferencia o renuencia de este clave motor del desarrollo. Falta una respuesta visible de quienes son dueños de medios económicos para colaborar a reducir la crisis y, sobre todo, recuperar su legitimidad ante la sociedad. La falta de comprensión de este problema es peligrosa y al final solo beneficia a quienes pretenden desbaratar el libre mercado por vías violentas e ilícitas. La voz del empresariado es urgente y es necesario desmitificar –a menos que en muchos casos sea cierto- que su único objetivo es la ganancia y no la responsabilidad social que estos tiempos exigen.

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