María de los Ángeles Fernández

María de los Ángeles Fernández

Cientista política

Opinión

Subversiones y democracia


El resultado del referéndum de salida de la Unión Europea por parte del Reino Unido está suponiendo un tortuoso camino para los encargados de llevarlo a la práctica. Theresa May enfrenta, por estos días, una moción de censura que impulsan legisladores de su propio partido. Pero, además, el Brexit se ha convertido en una oportunidad para analizar variadas aristas de nuestras democracias. Por ejemplo, en materia de arrepentimientos. Nos hemos ido acostumbrando a ellos a nivel de élite. ¿Quién no recuerda a Michelle Bachelet en 2017 pidiendo perdón a los chilenos por televisión, tras el desaguisado del Transantiago? Pero, como todo, sus posibles impactos se reducen cuando se trivializan. Al arrepentimiento ha recurrido alguien como el mismísimo Donald Trump.

¿Y a nivel de masas? Podría decirse que las elecciones sirven para eso. Votada una opción, puede enmendarse en la siguiente ronda. Las encuestas también sirven, en esa línea, como canal de expresión. Sin embargo, la era digital ha posibilitado asistir a otras fórmulas. Centenares de británicos han admitido su error por haber votado a favor de la salida, exhibiéndola por redes y medios. Frente a esto, hasta el realismo de la democracia expresado en su visión “schumpeteriana”, donde el mercado es un símil de la lucha competitiva de las élites por el voto se ve enfrentado a sus propios límites. En dicho sistema político, no existe tal cosa como un servicio postventa. No es posible reclamar la devolución inmediata de un producto adquirido en las urnas y donde el voto se presume como moneda de cambio.
Los datos de la encuesta Latinobarómetro 2018, con el aumento de la caída del apoyo a la democracia, así como de los indiferentes, han contribuido a acuñar la idea de una crisis de mediana edad, al cumplir los cuarenta años del inicio de “la tercera ola” en América Latina. A ello se suma su inquietante estado en otras latitudes. El proyecto europeo se ve erosionado por un populismo nacionalista de derechas, cuyo nivel de avance se comprobará en la cita electoral de mayo de 2019.

Señalar que los desafíos que experimenta la democracia se reducen a una “crisis de representación”, y a que se enfrentan con agendas renovadas, ampliación de espacios de participación (¿más referéndums?) y garantía de una ciudadanía efectiva, suena bien, pero parece insuficiente. Así como la democracia se ha visto asaltada por fuerzas que han aprovechado las ventajas –pero también las grietas- que presentan los estados de derecho y sus corpus de libertades para subvertirla, se requiere de otro tipo de subversión; una mental y de propuestas, que nos enfile a su urgente reinvención.

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