Carlos Henríquez

Carlos Henríquez

Secretario Ejecutivo de la Agencia de Calidad de la Educación.

Opinión

A treinta años del Simce: los avances y desafíos de un nuevo Sistema de Evaluación de la Calidad de la Educación

Un niño rindiendo la prueba Simce en la Escuela Piloto Pardo, de Santiago.

En las últimas semanas se ha generado un debate en torno a la utilidad del Simce como herramienta para evaluar la calidad de la educación y a las implicancias de la publicación de sus resultados. Al respecto, como Agencia de Calidad consideramos relevante sumar algunos elementos a la discusión.
En primer lugar, el Simce de hoy es bastante distinto a la prueba aplicada hace tres décadas. La herramienta se ha perfeccionado y ahora considera instrumentos para evaluar a estudiantes con necesidades educativas especiales, desagrega resultados según género y nivel socioeconómico, incorpora reportes por estándares de aprendizaje, habilidad y eje de contenido, además de un informe de errores frecuentes. Toda esta información es un mejor insumo para orientar las decisiones pedagógicas.
Asimismo, los resultados que hoy se entregan consideran información específica: reportes particulares para sostenedores, directivos, docentes y apoderados. En la misma línea, cada informe de resultados contiene orientaciones de uso de la información y en los últimos años se eliminaron los ránkings que no consideraban el contexto socioeconómico de los establecimientos para evitar comparaciones y estigmatizaciones que dificultan el trabajo colaborativo, factor clave para la mejora escolar.
En segundo lugar, hoy contamos con un Sistema de Evaluación que va más allá del Simce. Con la aprobación de la Ley de Aseguramiento de la Calidad el país tuvo el desafío de ampliar la evaluación a áreas como la autoestima académica, la convivencia escolar, la formación ciudadana y los hábitos de vida saludable. A través de los Indicadores de Desarrollo Personal y Social (IDPS), la Agencia reporta a cada establecimiento sus resultados en estas dimensiones. 
Este Sistema de Evaluación también considera los procesos escolares a través de las Visitas de Evaluación y Orientación del Desempeño, donde se conoce la realidad de las escuelas con más bajo desempeño en el sistema por medio de este dispositivo, que contempla entrevistas, grupos focales y observación de clases. Asimismo, se relevan prácticas que puedan servir de inspiración al resto del sistema por medio de las Visitas de Aprendizaje a establecimientos que logran importantes resultados en contextos vulnerables.
En materia de medición de aprendizajes, también se han implementado innovaciones. El año 2016 nació Evaluación Progresiva, herramienta voluntaria, autoaplicada, que entrega resultados inmediatos por estudiante para el uso exclusivo de la escuela. En 2° básico, donde se aplica en Lectura, tiene más de cinco mil escuelas inscritas, y a partir de este año, por solicitud de las comunidades escolares, comenzamos su aplicación en Matemática 7° básico.
Sabemos la importancia de contar con evaluaciones externas, pero también conocemos los límites de estas herramientas: siempre serán un complemento al trabajo interno de la comunidad escolar. Por ello hemos insistido en promover una mirada amplia, porque la calidad no puede reducirse a resultados en pruebas estandarizadas.
Es importante entonces que el debate público incorpore nuevas interrogantes a la discusión: ¿cómo desarrollaremos capacidades al interior de la escuela para la evaluación de los aprendizajes?, ¿qué están realizando otros países en esta materia?, ¿cuál es el equilibrio entre evaluación interna y externa que necesita el sistema?; ¿cómo trabajaremos la difusión de información en un contexto de open y big data?, ¿qué resguardos debemos tener al respecto?
La evaluación debe ser la bisagra entre conocimiento y aprendizaje, y la información debe estar disponible para todos los actores con el propósito de orientar la toma de mejores decisiones de gestión pedagógica y para involucramiento de las familias. Este debe ser siempre el foco de nuestro trabajo e, idealmente, de la discusión pública sobre la materia, colocando por delante el bienestar y desarrollo de cada uno de nuestras niñas, niños y jóvenes, donde lo fácil es declararlo, pero el desafío mayor es trabajar colaborativamente para hacerlo realidad.

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