Tres años en tres meses, ¿y ahora qué?

Para inversionistas de plazos mayores con alta tolerancia al riesgo, las valorizaciones de los índices accionarios respecto de otras clases de activos comenzarían a mostrar niveles más atractivos, lo que no se observaba desde la violenta caída de los mercados hacia fines de 2018.


Los mercados han presentado en las últimas semanas históricas caídas en el marco de la evolución del brote de Coronavirus. En prácticamente tres meses el escenario global ha dado un impensado giro, dejando atrás las señales de recuperación que denotaban distintos indicadores tras los acuerdos comerciales entre China y EE.UU. Con esto, los índices bursátiles como el S&P500 han anotado caídas a niveles comparables a los observados en la primera parte del año 2017, borrando de paso tres años de favorables rentabilidades.

La evolución que ha presentado la enfermedad ha llevado al mercado a suponer una severa caída del PIB mundial en la primera mitad del año. De hecho, la velocidad con la que se expande el virus ha impulsado a distintos gobiernos a aplicar estrictas medidas de contención, destacando restricciones al tránsito internacional de personas, suspensión de eventos masivos y cuarentenas en diferentes latitudes del orbe. Como resultado, las diversas proyecciones del consenso adelantan que la caída en la economía del segundo trimestre podría ser de una magnitud histórica, en donde países de gran relevancia mundial podrían incluso atravesar por un proceso recesivo.

No sabemos aún con certeza la profundidad con la cual caerá la economía global. Sin embargo, de moderarse la tasa de nuevos contagios en países desarrollados tal como ha ocurrido en China, las perspectivas para el segundo semestre podrían ser más favorables. Esto último, de todos modos, mantiene una serie de condicionantes. En primer lugar, en caso de que se registre un deterioro importante en los mercados laborales o una interrupción en la cadena de pagos tales como el incumplimiento de la deuda por parte de las compañías, las complicaciones económicas se verían extendidas hacia el segundo semestre. Esta es la principal razón por la cual tanto instituciones monetarias como gubernamentales han anunciado cuantiosos planes de impulso, tales como generosos planes fiscales, agresivos recortes de tasas y compras de activos en los mercados, y han activado nuevos planes de liquidez y facilidades de financiamiento para pequeñas y medianas empresas. Por otro lado, la moderación de casos de contagios en algunas economías de Asia se ha debido al aislamiento que sus gobiernos han decretado, por lo que aún queda pendiente por conocer si la reintegración de la población a sus actividades diarias podría producir una nueva oleada de contagios.

Aunque una potencial paralización de la liquidez global hace recordar los estragos provocados por la crisis subprime, hay factores que aún permiten alejar las perspectivas de un escenario como éste. En primer lugar, la actual situación dista de manera diametral en lo que al origen del problema se refiere, al mismo tiempo que las instituciones monetarias ya han puesto en marcha parte de las medidas de liquidez más exitosas implementadas de manera posterior a la caída de Lehman Brothers.

De igual forma en que el flujo de contagios ha evolucionado de este a oeste, probablemente el proceso de recuperación siga una tendencia similar. De hecho, a estas alturas en países como China, Corea del Sur y Japón la tasa de nuevos contagios se ha moderado significativamente. Sin embargo, su evolución en Europa y EE.UU. es aún preocupante. En la medida que estas últimas dos regiones no den señales de estabilización en materia de nuevos contagios, las presiones sobre los mercados globales podrían continuar, por lo que de corto plazo probablemente seguiremos viendo una alta inestabilidad en los precios de activos. Sin embargo, de moderar esta tendencia, para inversionistas de plazos mayores con alta tolerancia al riesgo, las valorizaciones de los índices accionarios respecto de otras clases de activos comenzarían a mostrar niveles más atractivos, lo que no se observaba desde la violenta caída de los mercados hacia fines de 2018, en momentos en que la incertidumbre en torno a una posible guerra comercial generaba importantes temores sobre los inversionistas globales.

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