Opinión

Una incómoda divergencia

JONNATHAN OYARZUN/ATON CHILE

La política monetaria global se asemeja a una flotilla en alta mar: cada embarcación responde a sus propios vientos, pero ninguna escapa al oleaje de la Reserva Federal. En Chile, la flotación cambiaria permite trazar una ruta propia, aunque no sin costos. Hoy, una economía doméstica debilitada convive con condiciones financieras externas que ofrecen poco alivio.

El contraste comienza con el cobre. Su elevado precio mejora los términos de intercambio y las perspectivas de inversión, pese a la energía cara. Pero ese impulso no se ha traducido en una recuperación amplia. A las interrupciones mineras y los efectos del clima se suma una demanda interna más débil. La inversión pierde dinamismo y el mercado laboral continúa débil. La Ley de Reconstrucción, la agilización de permisos y el proyecto MK4 pueden favorecer la inversión y el financiamiento, pero sus resultados requieren implementación y tiempo. Entretanto, el recién anunciado plan Chile Despega busca acelerar la inversión y la contratación, aunque su impacto dependerá de la rapidez de ejecución.

Para el Banco Central de Chile (BCCh), esta combinación favorece mantener la Tasa de Política Monetaria (TPM). La debilidad de la actividad y del empleo aconseja evitar nuevas alzas, mientras las presiones inflacionarias (a pesar de ser transitorias) limitan el espacio para recortar. Parte del deterioro responde, además, a restricciones de oferta y cambios persistentes en el mercado laboral que una tasa menor no puede corregir.

En Estados Unidos, el balance es distinto. La resiliencia económica y una inflación persistente llevaron a la Fed a iniciar un ciclo de alza de tasas en septiembre. Chile no tiene que replicarla, pero las tasas internacionales influyen en el costo del financiamiento y en el atractivo de los activos en pesos.

El tipo de cambio es uno de los principales canales de ajuste. Si el BCCh mantiene la TPM mientras la Fed endurece su postura, el peso podría depreciarse, especialmente si la divergencia supera lo anticipado por el mercado. No es lo único que importa: también lo hacen el cobre, la energía, el dólar global y el apetito por riesgo. Y una depreciación persistente puede encarecer las importaciones y dificultar la convergencia inflacionaria.

La incomodidad surge porque mantener la TPM no aísla a Chile del endurecimiento externo; replicarlo podría debilitar aún más la demanda. El Consejo debe ponderar cuánto del ajuste cambiario se transmite a los precios y cuánto resentiría la recuperación un mayor costo del crédito.

La divergencia puede trasladarse, entonces, desde las tasas hacia el peso. Si el BCCh mantiene su postura, un mayor endurecimiento en Estados Unidos podría presionar al CLP (peso chileno) y complicar la convergencia inflacionaria. La economía chilena necesita tiempo para recuperarse, pero el mercado cambiario no espera.

*El autor de la columna es economista jefe de LarrainVial Research.

Más sobre:OpiniónMonedasTPMBanco Central

Algunos leen, otros se informan. Aprovecha esta oferta única.

Plan Digital+$4.120 al mes, de aquí hasta fin de año SUSCRÍBETE